“Joker”: reimaginando el origen de un villano

Bajo la interpretación de Joaquin Phoenix, Joker nos deja más de un mensaje de advertencia como sociedad a través de un villano que para muchos puede ser también un héroe.

Su nombre es Arthur Fleck y bajo el gran trabajo de Joaquin Phoenix, es nuestro guía por el submundo de Gótica. La primera vez que nos lo muestran está trabajando como un payaso de alquiler en la calle hasta que es golpeado por unos delincuentes que lo dejan en un callejón lleno de basura. La próxima vez que esto vuelve a pasar será la última, Arthur desahogará sus frustraciones con disparos. Por fin siente que existe, nos dice.

A la par que Arthur comienza a explorar una nueva vida como iniciador de una insurrección pseudo proletaria, Thomas Wayne, padre del futuro Batman, y multimillonario y candidato a la alcaldía, llama “payasos” a todos aquellos que no hayan podido hacer algo con su vida a diferencia de él. Esto polariza el clima político, convirtiendo a los ricos ajenos y a los pobres, en payasos dispuestos a dar pelea.

Desde el inicio de la película, Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) sufre de violencia por parte de una sociedad en declive. Foto: MTR Network.
Desde el inicio de la película, Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) sufre de violencia por parte de una sociedad en declive. Foto: MTR Network.

No quiero que esto se entienda como una apología paternalista al criminal que surge como resultado de una vida ajena a los privilegios de otros. Pero es interesante que es ver Ciudad Gótica desde el otro lado al que hemos estado acostumbrado, el lado de la clase baja, donde la miseria da luz a los antagonistas que en otrora nos gustaba ver castigados.

Una fragilidad peligrosa

¿Por qué deberíamos apoyar a un millonario que utiliza equipamiento militar para golpear a los menos favorecidos dentro de una sociedad desigual? Porque son criminales, responden algunos. Es fácil simpatizar con Batman cuando tiene que enfrentarse a psicópatas incorregibles sin trasfondo, mafiosos ricachones o ligas de asesinos internacionales, pero en la mayoría de los casos está golpeando en la cara a alguien que se vio empujado a robar para sobrevivir.

En Joker, Tom Phillips nos conduce por estas dos tramas. El deterioro moral de Arthur y la convulsión social se juntan en un final que enaltece la labor del ahora Joker como ícono revolucionario de los olvidados por el sistema. La degradación de Arthur es constante y sus traumas están enumerados para que, sin dudas, podamos decir: “con razón terminó así”. Es un adulto que nunca superó sus frustraciones juveniles y eso lo vuelve peligroso, porque encuentra satisfacción, reconocimiento y respeto en la violencia que ejerce. Se empodera vengándose de los que lo humillan y se valida con la aceptación de las masas.

El peligro del Joker radica en que encuentra satisfacción, reconocimiento y respeto en la violencia que ejerce. Foto: Bustle.

Los planos están para resaltar la forma de Phoenix. Sus contorsiones corporales sobresalen sobre un fondo alejado y desenfocado para marcar el aislamiento que tiene con su entorno, a pesar de que termina siendo un resultado influenciado por el mismo. Así también encontramos tomas en las que las locaciones de la ciudad ganan protagonismo, la imagen de la escalera como un calvario rutinario, o las bolsas de basura sin recoger en las calles que acogen a Arthur como parte del grupo, una basura más olvidada en la calle. Destaca el uso de música original por sobre el uso de las canciones populares, en especial en la escena final en las escaleras, la cual metafóricamente funciona, pero musicalmente deja dudas.

Como declaración política es floja y peligrosa, como advertencia puede pasar desapercibida. Al igual que Fight Club (1999) de Fincher, Joker puede convertirse en una malinterpretada glorificación de una ideología pop fofa, cuando funciona mejor como un aviso de peligro. “No es un llamado a la acción, en todo caso es un llamado al autorreflexión como sociedad”, dijo Phoenix en una entrevista. En la película de Fincher, Tyler Durden es un psicópata  que representa la aspiración de una masculinidad enclenque, mientras que en la obra de Philips, el Joker se vuelve una figura con la que estas pueden identificarse. Podemos sentir lástima por Arthur en tanto sufre de una condición mental que afecta sus aspiraciones, así como por su pasado, pero la compasión no debe confundirse con empatía.

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