«Blú Quartet»: mujeres que transforman el mundo de las cuerdas

Blú Quartet es un proyecto fresco y atrevido que ha logrado llevar a los instrumentos asociados a la música clásica a nuevos espacios con un mensaje potente.

Desde hace casi tres años, cuatro mujeres han logrado explorar nuevos ritmos y géneros a través de instrumentos de música clásica. Lo que comenzó como un homenaje al rock con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil (OSNJ) es ahora un proyecto con repertorio amplio.  Aquí hay espacio para todo: himnos oficiales como el Nacional; otros populares y atesorados como «Muchacho provinciano» de Chacalón; y por qué no, un homenaje al entretenimiento de la mano de Game of Thrones.  Ellas son Blú Quartet y aquí te las presentamos.

Las mujeres a cargo de las cuerdas

El cuarteto está confirmado por cuatro instrumentos: dos violines, una viola y un violonchelo [1]. Las violinistas, Faridde Caparó y Marta Robles, comenzaron su camino musical desde la infancia en Arequipa y ya en la adolescencia, en el Conservatorio de Lima. A pesar de la inicial desconfianza de sus padres, Faridde, desde los seis años, persistió con el violín. En su camino participó en festivales como Interlocken (USA), hasta consolidarse como la actual concertina o primera violín de la OSNJ.

Por su parte, Marta despegó a los nueve años y exploró su camino a través de los ritmos ofrecidos por la Escuela Nacional de Folcklore «José María Arguedas», mientras, a la par, consolidaba su participación en la OSNJ.

Mayrah Valdivia, venezolana de nacimiento, comenzó en su país su formación musical, desde los ocho años. Aunque al inicio quiso tocar arpa, finalmente, optó por la viola. A los quince años migró a Lima y completó su formación.

Ghislaine Valdivia, la última de ocho hermanos músicos, exploró con el piano y la flauta traversa desde pequeña. Sin embargo, no fue sino hasta los doce años que conoció el violonchelo y se quedó para siempre con él.

«Blú Quartet»: un proyecto de libertad

Y así nació «Blú Quartet»,  un espacio que nació sin saber que estaban dando vida a una de sus mayores experiencias de aprendizaje, autoconocimiento y transformación personal y musical. En ese sentido, y aunque muchos no creían que el ensamble sobreviviría, «Blú Quartet» ha ido descubriendo sus objetivos en el camino para volverse un proyecto con personalidad propia y definida. Un espacio que fomenta la transformación social a través de la música.

Un primer aprendizaje ha sido reflexionar sobre su tipo de público. Desde su vivencia, Mayrah nos cuenta: “Estaba equivocada. No solo le tenía que gustar a mi tía, sino que otras personas también lo pueden recibir bien. Lo que yo creía no estaba ajustado a la realidad”.

A partir de la transformación de sus visiones personales y grupales a nivel musical lograron trascender para no encasillarse. Así han compartido su música con diferentes públicos y lugares a los que, difícilmente, ha llegado un grupo de música con instrumentos como los suyos. En esto reside el mensaje de su propuesta, tal como nos cuenta Marta: “Necesitan conocer otra cara de la música clásica o de los instrumentos relacionados a ella, que los ven lejanos. Eso es dar a conocer lo que es nuestro mundo”.

Además, subvierten los estereotipos propios de los instrumentos, más asociados a la música clásica que a géneros como el rock, pop, chicha o salsa. Finalmente, acercan instrumentos comúnmente accesibles a una élite a través de piezas musicales que atraviesan distintos estratos sociales.  Y así, esta propuesta de vanguardia está abriendo las puertas a una combinación poco usual en la industria musical nacional.

La industria musical, un mundo por transformar

Las chicas de «Blú Quartet» pertenecen a diversos mundos. Mujeres, migrantes de diferentes edades y lugares, han sido formadas tanto en música clásica como en folclore nacional. Esas son solo algunas de las identidades con las que se atreven a navegar la escena musical local. Y trabajan día a día, a través de su propuesta musical, para contribuir a la creación de un espacio más igualitario en las condiciones y oportunidades sobre el derecho a hacer música.

Algo importante es que buscan combatir estereotipos de género. Ellas son mujeres y capaces de ejecutar sus instrumentos igual o mejor que cualquiera de sus pares hombres. Ahí aparecen el famoso “Tocas bien, para ser mujer. Faridde nos lo cuenta de propia experiencia: “Me dijo: “¡Oye, qué chévere que seas mujer y puedas tocar tu instrumento bien! Y yo: ¡Ah!, ¿porque soy mujer no puedo tocar cosas rápidas? Siento que le callé la boca pero no con palabras; sino con lo que hice, con música. Es importante hablar, pero también es importante demostrar.”

Esto también se ha trasladado al reto de participar en espacios predominantemente integrados por hombres, con los sesgos que esto supone. Pero, aun así, la transformación está en proceso. Sus recomendaciones para otras mujeres son claras: ser pacientes con los procesos de cada una para adaptarse a esos ambientes, levantar la voz ante quienes hacen comentarios hirientes y dedicarse con perseverancia a la música, que es lo que las mueve y apasiona.

Sin duda alguna, la ruta está encaminada y hay mucho más para conocer y explorar de este cuarteto de cuerdas liderado por mujeres. Nuevos vientos se vienen para esta escena musical y vale la pena abrir los ojos y oídos a ello.

[1] El violín es el instrumento más pequeño y con sonidos más más agudos. La viola, aunque parecida, es ligeramente más grande y con sonidos más graves que el violín. Y, finalmente, el violonchelo es el instrumento físicamente más grande que los dos anteriores y grave también.

El dato

  • Además de Facebook, puedes seguir a «Blú Quartet» en su cuenta de instagram y youtube.

 

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