«Ósmosis», la serie donde amor y la tecnología van de la mano

«Ósmosis» es la nueva serie francesa de Netflix, recientemente estrenada en Latinoamérica, que combina las historias de amor con el devenir tecnológico. ¿Suena atípico? Pues te recomendamos que la veas, porque vale la pena. Nosotros ya la disfrutamos y aquí te damos nuestra opinión.

Su premisa es arriesgada: «Ósmosis» es un sistema que asegura encontrar el amor verdadero. A través de la aplicación de nanorobots en el cerebro del participante, leen, miden y personifican quién sería tu pareja perfecta. Esta ficción no plantea un mundo distópico, por el contrario, nos reconecta con dispositivos y elementos actuales (pero más desarrollados) para repensarnos como sociedad y avizorar nuevas comprensiones sobre la moral y la ética -ambas influidas por las nuevas tecnologías. A pesar del interés que suscita el argumento, su complejidad y contenido  decaen progresivamente con el transcurso de los capítulos y —sin llegar a ser una mala serie— podría dejar algunos vacíos y sinsabores.

Son muchos los temas en los que una serie como esta puede sostenerse para explorar las posibles consecuencias de las decisiones que se van tomando. «Ósmosis» agrupa algunos de ellos. Paradigmas clásicos de la ciencia ficción que se unen a nuevas preguntas de un futuro cada vez más similar a nuestro presente.

Las interacciones y su dependencia tecnológica

Las tecnologías tienen una carga neutra: es el humano quien, bajo sus propios intereses, las somete a su disposición. En este show sci-fi, la realidad virtual se ha convertido en una adicción arraigada en la crisis total de una modernidad que no brinda placer ni satisface a sus individuos.

Cada vez un mayor número de personas vive conectado a la red, a una inteligencia que conoce tus fantasías más profundas, a una reproducción de ti mismo. El narciso por excelencia y qué acción más narcisista que la pérdida de contacto con el otro, la ausencia del cuerpo para generar momentos, interacciones, reacciones, etc. Un mundo de conexiones altamente digitalizadas y personalizadas frente a una sociedad resquebrajada y sin rumbo sostenible.

Un mundo de conexiones altamente digitalizadas y personalizadas es lo que nos presenta Osmosis. Foto: Sensacine.
Un mundo de conexiones altamente digitalizadas y personalizadas es lo que nos presenta Osmosis. Foto: Sensacine.

Las intenciones de la serie, sin embargo, parecen recaer en el grado de intimidad que le permite la tecnología a la sociedad. Así, el subconsciente del participante del programa es vulnerado de forma sistemática por el implante, al grado de cuantificar sus emociones para aseverar que él más que tú sabe quién puede ser su pareja ideal. El ser humano sucumbe frente a su creación y pierde una característica primordial de su raza: la autonomía y el poder de decisión.

Los paradigmas de un mundo hiperconectado

Las contradicciones de la serie —aunque no parecen haber sido adrede— enriquecen la construcción de los personajes, dándonos mayor perspectiva de la trama.

Los hermanos Vanhove, creadores de «Ósmosis», son particularmente inestables emocionalmente y han generado dependencia a ciertos artefactos tecnológicos que los hacen creer realizada su necesidad de amor y compañía. No obstante, al acercarnos un poco más a ellos, se hace visible el inherente ocaso de la tecnología para representar y tomar parte en el mundo real: lo que nos deja es solo una proyección de lo que desearíamos que fuese verdadero (pero no lo es) y el aval tecnológico se muestra bastante confiable para que así sea.

Estas distorsiones de la realidad, la confusión que provoca lo desconocido, el ir a tientas y desafiar la pericia humana para interactuar, despierta en los personajes actitudes y acciones que no los polariza entre buenos y malos, son sus matices lo que los hace parecer realmente humanos.  Probablemente mucho tenga que ver con la propia esencia de nuestros tiempos, en los que la competitividad, el mercado y la tecnología es, para muchos, lo que nos rige.

Si no sabes qué ver en Netflix, ya tienes una opción.
Si no sabes qué ver en Netflix, ya tienes una opción.

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«Ósmosis» intenta ser innovadora. Se inmiscuye dentro de los imaginarios del espectador y crea un vínculo tibio con él. Lo que se transmite en los videos promocionales no fueron colmados en sus ocho episodios, pero hay que reconocerle que se aventura entre temáticas tan complejas como el amor y la tecnología. Ambos, campos en los que aún la humanidad se encuentra a oscuras, tanteando terreno. Y es ese, quizá, sea su más grande acierto.

El dato
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