Viendo dentro del Retablo: masculinidades y secretos

Retablo es la ópera prima de Álvaro Delgado Aparicio. Ganadora del Teddy Award como la mejor película debut en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Berlín esta cinta totalmente hablada en quechua ya se encuentra en la cartelera comercial. Nosotros ya la vimos, aquí la comentamos.

Retablo es la ópera prima de Álvaro Delgado Aparicio, un cineasta peruano que construyó su vida fuera del país. Con muchos premios internacionales y una taquilla nacional que la celebra, es una película que nos acerca a un mundo donde secretos, tradiciones y expectativas nos hacen humanos.

Tradiciones y secretos

Segundo (Junio Bejar Roca) es un adolescente que está aprendiendo el arte de hacer retablos ayacuchanos bajo la guía de su padre Noé (Amiel Cayo), un maestro en el arte del retablo respetado por la comunidad. Sin embargo, la veneración que Segundo tiene hacia su padre se vendrá abajo luego de descubrir un secreto que choca con las costumbres conservadoras del pueblo en el que viven.

Retablo es una película que se asienta dentro del género coming of age, género conocido por enfocarse en los momentos cruciales del fin de la adolescencia. En este caso tenemos a Segundo, quien es muy cercano a su padre, casi como un niño, y que aspira a ser como él.

El conflicto surge cuando Segundo descubre que el hombre que admira contradice las expectativas masculinas de su entorno, al ser homosexual.  La admiración pronto se convierte en rencor. Esta contradicción lo llevará a involucrarse en situaciones de violencia física y sexualidad agresiva para marcar distancia de su padre y convencerse a sí mismo de que es un verdadero hombre. Esta es una forma acertada de aproximarse a la forma en la que un adolescente sensible es transformado por una masculinidad tóxica: empujando su temor, su vergüenza y, sobre todo, su dolor hacia dentro.

Un retablo lleno de emociones

Retablo, tiene elementos que la convierten una de las mejores películas nacionales de los últimos años y que no debería pasar desapercibida. Primero, tenemos la cámara. La película empieza con tomas largas en cámara estática para que observemos todo el contenido que yace dentro del encuadre, una decisión que va acorde con la manera en la que uno aprecia un retablo ayacuchano. Es recién cuando Segundo sospecha que algo no va bien con su padre que, de manera muy calculada, se empieza a utilizar una cámara en mano, como para indicarnos que el mundo de Segundo se desestabiliza.

También, es notable el esfuerzo por jugar con las líneas de las edificaciones para crear una composición rectangular – acorde a la de un retablo – que queda reforzada con el uso de puertas y ventanas que se abren y cierran para mostrar que hay en su interior. Desde una escena cotidiana, como una comida familiar hasta bailarines de una comparsa. Detrás de los colores y la tradición ayacuchana existe siempre algo oculto y una vez expuesto, no se puede olvidar. El secreto del padre de Segundo y la ideología conservadora dentro de una comunidad, son la muestra perfecta de secreto y retablo.

Además, es importante resaltar como Delgado Aparicio aborda las emociones del entorno más cercano de Noé. El hijo, la esposa y el vecino son estrictos en su juicio, pero también vulnerables. Sufren, no por el deshonor del comportamiento, sino porque son conscientes de las consecuencias en la sociedad donde viven. Y aunque ellos manifiesten un prejuicio conservador del cual fácilmente podemos desligarnos, es inevitable identificarse con su dolor. Incluso aquí, la violencia es silenciada. La condena social es suficiente. Quizás otro director hubiera resaltado la golpiza a Noé, pero al estar interiorizada, queda fuera de cámara.

Finalmente, es una película que nos acerca a nuestras lenguas originarias. Otras apuestas como Magallanes, con una escena en quechua, y Wiñaypacha, grabada en aimara, han dado pasos importantes. Retablo se presenta con la primera película grabada enteramente en quechua que logra un reconocimiento nacional e internacional tan grande, un gesto simbólico si pensamos en la identidad cultural que retrata y el público objetivo al que está dirigido.

Así, llegamos a Retablo, una película con un dilema que nos expone a la construcción de la masculinidad en la adolescencia dentro de una sociedad conservadora. Pero, sobre todo, una apuesta que plantea nuevos temas en el cine peruano y que se convierte en uno de sus mejores exponentes.

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