Óscars 2019: ¿ya conoces las películas nominadas?

Este 24 de febrero es la esperada ceremonia de los Premios de la Academia y en Vía Expresa iniciamos antesala con la cobertura de la nominación estelar: la de mejor película. Aquí te dejamos nuestras reseñas y opinión sobre cada una de las ocho nominadas. ¿Ya tienes tu favorita?

1. Pantera Negra

Director: Ryan Coogler

«Pantera Negra» es un poco más que mallas y explosiones, plantea un choque de posturas ante la opresión histórica que la población negra ha sufrido desde las épocas del comercio de esclavos. Una iniciativa que puede resultar interesante para un Blockbuster, pero que termina resolviéndose con la misma rutina a la que Marvel ya nos tiene acostumbrados.

Killmonger quiere derrocar a T’Challa, el rey de Wakanda, un país africano oculto a la comunidad internacional, y utilizar su desarrollo tecnológico para realizar una revolución global en la cual todos los afrodescendientes puedan alzarse en armas ante aquellos que históricamente los han oprimido. T’Challa, por otro lado, cree más en la cooperación que en el enfrentamiento. Dos ideologías diferentes que parten de querer resolver un mismo problema.

Resalta el diseño de producción que mezcla el folklore africano con tecnología futurista, creando así un escenario inolvidable como pocas veces se ha visto dentro de otras películas de ciencia ficción. A ello se le puede sumar un reparto donde sobresale la presencia femenina, a pesar de que el conflicto principal sea entre dos hombres. Las mejores guerreras son mujeres, también la persona más inteligente del país, así como el compás moral del rey.

 

2. El Vicepresidente: más allá del poder

Director: Adam McKay

El director de «La gran apuesta» (2015) regresa con el mismo estilo narrativo que lo llevó a su primera nominación, tres años atrás. Ahora cuenta la historia del exvicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney. desde sus años como obrero para el Estado hasta lo más alto de la cadena alimenticia en Washington.

McKay hace una introspección en la vida de Cheney con el espíritu de un documental biográfico en código de comedia. Hay una intención detrás de toda esta revisión histórica para buscar comprender como un personaje así se crea y llega a tomar las decisiones que tomó estando en poder.

Existe también un espíritu de denuncia con las acusaciones, que solo se llegan a insinuar por faltas de pruebas incriminatorias, como la relación entre Cheney y las empresas energéticas que se vieron beneficiadas por la guerra de Irak, así como la perdida de pruebas que podrían inculparlo. McKay tiene una gran preocupación por el poder sin balances que tiene el ejecutivo en su país y trata de contagiar su preocupación con el espectador.

 

3. Nace una estrella

Director: Bradley Cooper

Debut de Cooper en la silla del director y tercer remake de esta clásica historia de Hollywood que vio su primera entrega en los años 30. Cooper, quien también tiene el rol protagónico en la película, consigue una gran química con Lady Gaga, lo que sostiene la película de inicio a fin. Pero no solo destaca en el romance, su relación con su hermano (interpretado por Sam Elliot) también logra darnos una pizca de autenticidad que cualquier otro director en búsqueda de un trabajo meramente superficial no se hubiera esforzado en obtener.

Gaga sobresale en un papel que parece haber sido escrito para ella. Es un personaje lleno de inseguridades y talento que sabe transmitir una vulnerabilidad intensa necesaria para cada escena, en especial en los momentos musicales. Mientras Gaga es la revelación, Cooper es la verdadera estrella, es el punto bajo el cual pivotean las dos relaciones más importantes de la película y, a la vez, consigue una intromisión rescatable en la vida privada de la pareja con sus planos lejanos y sostenidos.

Resta algo de puntos la forma en la que se tuerce la historia hacia el melodrama, en especial porque el punto de inflexión que lo lleva a esto es presentado como una comedia involuntaria más que como un momento de verdadera decadencia personal. Fuera de ello es una película que cumple y se exige un poco más de lo que uno esperaría.

 

4. Green Book: una amistad sin fronteras

Director: Peter Farrelly

Racismo interseccional, eso es lo que encontramos en «Green Book». La película, ambientada en los años 60, está contada desde la mirada de Tony Lip, un ítalo-americano de clase trabajadora, que consigue un trabajo como el chofer de Don Shirley, un sofisticado músico afrodescendiente. Ambos viajarán desde Nueva York hacia el sur profundo de los Estados Unidos en una empresa de varios meses que pondrán en duda los prejuicios raciales que Tony posee.

Don puede tener la piel oscura, pero no siente pertenencia con otros afros. Su educación superior y su estatus económico social crea una brecha muy grande con ellos. Pero, al mismo tiempo, su color de piel lo separa de la gente blanca a la que frecuenta. Pueden invitarlo a su casa y tener los mismos gustos refinados, pero él no dejará de ser un «negro» ante sus ojos. No pertenece a ninguno de los dos bandos.

«Green Book»termina siendo una road movietradicional en la que dos personajes opuestos comenzarán a conocerse y desdibujar las suposiciones prejuiciosas que tenían el uno sobre el otro hasta formar una relación cercana, casi familiar. Los últimos momentos de la película buscan darle un aíre conciliador a la película, mostrando que no todas las instituciones son siempre perversas y que la gente puede cambiar. Ojalá fuese así de fácil.

 

5. La Favorita

Director: Yorgos Lanthimos

Lanthimos fisgonea en los pasillos y habitaciones del palacio de la reina con un gran angular que encuadra todos los detalles posibles hasta el punto en que distorsiona el mismo espacio en el cual se entromete. Hay una reina en decadencia, patética, casi infantil, que si no fuera por Lady Churchill, sería incapaz de gobernar Inglaterra. Churchill es interpretada por Rachel Weisz, una ladyque ha sabido ganarse los favores de la reina y destaca sobre las otras féminas del palacio por la masculinización que se le aplica a su personaje. Desde su vestimenta hasta sus inflexiones, todo dice: yo soy la que realmente manda.

En eso aparece Abigail, una ladyque ha perdido su estatus y entra como una criada más a palacio. Cuando ve una oportunidad para ascender y ganarse favores no duda en aprovecharlos. No es una competencia por la corona, es una competencia por ser la consentida de esta. Tanto Churchill como Abigail reconocen que, frente al carácter lamentable de la monarca, hay una oportunidad para ser la persona más influyente del país y están dispuestas a pelearse por ello.

Lanthimos casi no sale de las inmediaciones del palacio y, aun cuando lo hace, continúa con las recámaras y costumbres cortesanas de otras instalaciones que hacen parecer que nuestro escape sea solo una ilusión. Estamos atrapados junto con sus personajes y con su cámara de seguridad observando como las confabulaciones más egoístas se llevan a cabo y chocan entre ellas.

 

6. Bohemian Rhapsody

Director: Bryan Singer

«Bohemian Rhapsody» copia la misma fórmula de ascenso, caída y redención bajo la que muchas películas sobre artistas (ficticios o no) son planteadas. La única diferencia es que Singer incluye algunas modificaciones superficiales provenientes de la vida real de Mercury que todos conocemos. A pesar de tener un personaje único en sus manos no arriesga.

Lo que le importa a Singer es que el público reconozca la mayor cantidad de referencias en el menor tiempo posible. Personajes importantes, canciones icónicas, conciertos emblemáticos, todos ellos son presentados en un apuro por pasar al siguiente. Lo peor es cuando ello sucede con los conflictos personales de Freddie.

Sobresalen la interpretación de Malek y la escena del concierto de Live Aid, la que permite que la película termine en una nota alta. Lástima que el resto de su desarrollo se sienta poco inspirado y bastante comprimido. Una historia que podía dar para más termina cayendo en el cliché aleccionador.

 

7. El infiltrado del kkklan

Director: Spike Lee

«El infiltrado del kkklan» es una película de denuncia política directa. No busca disfrazar su postura o indignación hacia los hechos que identifica y critica. Su director, Spike Lee, es conocido por ser un defensor abierto de los derechos de los afroamericanos y aquí busca demostrar el peligro que el clima político social actual de su país representa para ellos. Y lo hace con un policial en código de comedia. Una comedia muy inquietante si te fijas bien de qué te estás riendo.

Nada ha cambiado parece decir Lee, desde los linchamientos a inicios del siglo XX, hasta los políticos racistas de los años 70 y terminando con los supremacistas blancos que Trump ha incitado a resurgir en el presente. Trazar paralelismos con el presente es la forma mediante la cual Lee hace que el discurso de su película resuene con nosotros a pesar de estar ambientada cuarenta años atrás.

Lo que diferencia a «El infiltrado de kkklan» de otras películas que abordan problemas similares es la inclusión de una denuncia hacia la industria cinematográfica americana. Lee ve a esta como cómplice de la perpetuación de la violencia hacia la comunidad afroamericana. Para ello, incluso, llega a denunciar a clásicos del cine apreciados por todos. Puede que estas películas sean hitos dentro de la historia cinematográfica, pero, si su discurso es ofensivo o peligroso, ¿vale la pena seguir celebrándolas? Eso es algo que nos pregunta Lee. Y esto nos lleva a Roma.

 

8. Roma

Director: Alfonso Cuarón

Técnicamente, «Roma» es una proeza técnica. La hermosa fotografía a blanco y negro, los planos generales acompañados por paneos y travellings que descubren grandes escenas coreografiadas al milímetro, la mezcla de sonido que crea una atmósfera de sonidos cotidianos y un largo etc. Sin embargo, en su discurso encontramos una romantización a la servidumbre que normaliza las relaciones de poder desiguales que retrata.

El personaje principal, Cleo, es una sirvienta mixteca que trabaja para una familia acomodada en el México de los años 70. La familia la quiere, y ella quiere a la familia, y quizá por eso pasamos por alto la situación de dominación que sufre. Pero la quieren, nos decimos. Lo que llama la atención de esta dinámica es que no importa qué haga Cleo, ella no puede salir de su estado de sumisión. Puede salvarles la vida a los hijos de su patrona y, aún así, la máxima recompensa a la que podrá aspirar es al reconocimiento y cariños de sus jefes.

«Roma» está narrada desde el punto de vista de la memoria idealizada de un niño —de Cuarón, quien recrea con añoranza una infancia similar a la que tuvo—, pero sobredimensionada para la pantalla grande. He ahí la presencia del melodrama típico de las producciones latinoamericanas que harán que más de uno se conecte con la historia fácilmente sin darse cuenta del porqué. No debe ser vista como una película con una mirada social-histórica y menos aún como una de denuncia.

 

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