«La mula»: Eastwood y su viaje de redención

En esta nueva película —dirigida y estelarizada por el mismo Clint Eastwood— el legendario ícono del cine regresa a las pantallas a sus 88 años, con las fórmulas y temas que más conoce. Nosotros ya la vimos y aquí la comentamos.

Viaje de redención

Lejos queda la imagen del malhumorado y peligroso Eastwood al que estamos acostumbrados. En esta ocasión, el galardonado director interpreta a Earl Stone, un jardinero respetado dentro de los círculos sociales que frecuentan las convenciones de jardinería en Estados Unidos. Debido a su poca flexibilidad para adaptarse a las nuevas tecnologías y generaciones que hoy dominan el mercado, Earl terminará perdiendo su negocio y deberá buscar un nuevo trabajo.

Eastwood interpreta a Earl como un abuelo temerario pero inofensivo. No le teme al peligro, pero es incapaz de sacar un revólver e intimidar a los malhechores, como uno esperaría de uno de sus usuales personajes. Earl sacrificó su vida familiar para conseguir estatus social dentro de un pequeño nicho, solo para verlo desaparecer frente a sus ojos. Ahora que ya no es nadie donde solía ser alguien, busca regresar con su familia, a la que varias veces dejó de lado, pero ahí no están muy dispuestos a recibirlo de vuelta. En especial su esposa e hija.

Producto de este camino para «pagar sus pecados», Earl conseguirá un trabajo como «mula», una persona que transporta droga para peligrosos narcotraficantes mexicanos. Lo que le espera con ello es una travesía en la que su visión de la vida se verá afectada. Un esquema narrativo bastante conocido.

Además, no es la primera vez que Eastwood nos presenta personajes jubilados llenos de remordimiento en búsqueda de redención. «Unforgiven» (1992) y «Gran Torino» (2008) son un ejemplo de ello, en los que, además, el personaje principal también fue interpretado por el mismo director.

Para evitar mucha separación del espectador con un personaje ligado al narcotráfico, Eastwood juega con una ambivalencia moral. Sí, Earl es un traficante de drogas, pero solo hace los trabajos necesarios para salir de su lamentable situación económica y si hace un extra es siempre para beneficio de otros, como pagar los estudios de su nieta o ayudar a los veteranos de guerra locales. Así los delitos que comete no lo vuelven «malo», ya que la codicia y la ambición no lo motivan. Es más, Earl es tan buen cristiano que, incluso, no mira los cargamentos que le dan porque son cosas de otro. Una inocencia ya demasiado beneficiosa para la trama.

La mirada de un hombre que está preparado para recibir lo que haya que venir en el nuevo film de Clint Eastwood. Foto: IMDB.
La mirada de un hombre que está preparado para recibir lo que haya que venir en el nuevo film de Clint Eastwood. Foto: IMDB.

Crimen sin castigo

Llama bastante la atención —y no necesariamente de buena manera— los bruscos cambios de tonalidad por los que opta la película. Por momentos estamos frente a situaciones de alto suspenso, como en  un thriller, para que, escenas después, Earl entre en el código de la comedia del pez fuera del agua, al evidenciar su incapacidad para relacionarse con las minorías que ya hace tiempo integran Estados Unidos sin recurrir a prácticas racistas, o su incapacidad para adaptarse a los celulares inteligentes y mandar mensajes de texto.

Pero esta no es ni una comedia ni un thriller policial. «La mula» es un drama familiar: es la historia de un hombre que reconoce su error al haberse mantenido alejado de su familia por tanto tiempo y por eso busca recuperarla. El trabajo para el cartel, con todos los peligros que implica, es la forma a través de la que «hace su penitencia» frente a nosotros. Necesitamos ver que está purgando su falta en otras formas —además de la indiferencia de su hija— para que cuando llegue el momento de reunirse con ellos pensemos que ya ha sufrido lo suficiente y olvidemos sus errores. Queremos que sufras antes de perdonarte.

La priorización de su familia durante sus tiempos difíciles es la forma de redención de Earl y eso se pone en evidencia en la ausencia de castigo con la que cierra la película. Earl termina en prisión; es más, él mismo se declara culpable y asume la responsabilidad de sus crímenes, pero la prisión a la que ingresa no es representada como una penitencia.

En la única escena que vemos dentro de ella, Earl trabaja cultivando las flores que tanto le gustan, sin muestras de represalias. Es así como su condición de prisionero se vuelve más una recompensa con la que el veterano puede dedicarse a lo que más ama. Una recompensa que se ganó porque aprendió que la familia está primero y la priorizó, a pesar de que eso significaba poner en riesgo su propia vida.

El dato

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