Aplicamos el método de Marie Kondo y esto fue lo que aprendimos

En pocas semanas, Marie Kondo se ha vuelto tendencia. Descubre por qué en nuestra nota.

A inicios de enero, esa temporada oficial de las metas por cumplir, cambios en el estilo de vida, y bonanza para los gimnasios,  Netflix lanzó a nuestras pantallas un nuevo show. Se trata de “¡A ordenar con Marie Kondo!” el cual ha dado mucho que hablar tanto a minimalistas como acumuladores y que ha significado un cambio en la vida de Ximena, parte del equipo de Vía Expresa.

¿Quién es esta pequeña mujer acusada de odiar los libros?

Si aún no lo has visto, el show consiste en seguir a la “gurú del orden” Marie Kondo, mientras visita la casa de distintas familias abrumadas por el desorden y la cantidad de objetos en sus hogares. Ella les enseña su método, que bordea una filosofía de vida, y deja algunos tips para ordenar. Un mes después, la familia ha pasado por todo un viaje emocional y se ha deshecho de varias bolsas de basura y donaciones, revelando una casa más ordenada y una sonrisa en sus rostros (a veces acompañada de lágrimas). Cada capítulo explora la jornada de una familia distinta.

Cómo llegó a mi vida

El personaje Marie Kondo no apareció con este show en Netflix, sino que viene rondando la cultura pop hace un par de años gracias a su libro “La Magia del Orden” (2011). Este libro es recomendadísimo por influencers y bloggers de la esfera americana. Fue a finales del 2016, cuando mi vida estaba de cabeza por una serie de mudanzas en mis últimos finales de la universidad, que empecé a seguir a varios “lifestyle bloggers”. Lo hice con la esperanza de conseguir algunos tips que pudiera aplicar a mi desastrosa situación. A puertas de la segunda mudanza en un mes, el libro de Marie Kondo se sintió como una bocanada de aire fresco, un doloroso pero necesario aire fresco.

El viaje

Comienza por tu ropa. Tirala toda sobre la cama, date cuenta de que es más de la que podrás usar en lo que te queda de vida, decide que no tienes tiempo de venderla y regálala a quien la quiera. Fácil. En esta tanda incluí también todo el maquillaje y artículos para el cuidado de la piel que no usaba jamás. Chau.

Siguen los libros. Sostuve cada uno y me pregunté si me traían felicidad, me terminé quedando con los más bonitos (Estudié diseño, perdón). Luego “komono” es decir, todo lo demás pero que no tenga valor sentimental. Eso implicó  varias peleas con mis padres tratando de convencerlos de que no necesitábamos 18 tazas para 3 personas. Gané algunas y perdí otras.

Por último, los objetos con valor sentimental. Todo el proceso te entrena para este momento, el más largo y difícil del viaje. Desempolva cosas que habías olvidado que tenías, recuerda momentos felices, llora, di que es demasiado importante como para botarlo. Déjalo ir, repite.

Ahora que lo más difícil pasó, sólo queda ordenar lo poco que queda. Aunque no parezca, doblar la ropa en tercios y ordenarla como si fueran carpetas en un archivero es divertido). Luego viene lo mejor: disfrutar de tu nueva vida.

Lo que el show no muestra

En su libro, Marie Kondo no solo explica cómo deshacerte de lo que no te trae felicidad, sino también cómo vivir tu nueva vida ordenada y “clutter-free”. Aconseja, por ejemplo, sacar todo lo que tienes en la cartera al final del día y guardarla con las demás carteras, una dentro de otra; guardar en repisas y gavetas todo lo que no uses en el instante, incluyendo artículos de aseo y de cocina, y retirar las etiquetas de todo lo que posees, para reducir el ruido visual en tu espacio.

Imagina sacar el taper de ayudín de la alacena cada vez que quieras lavar cualquier cosa y tener que agradecerle antes de guardarlo. Personalmente no recomiendo esta parte, pero cada quien con lo suyo.

¿Realmente hizo la diferencia?

Después de leer el libro y ver la serie, creemos que sí. Esto fue lo que logró Ximena:

  • Convertirse en una compradora mucho más consciente y presente.
  • Ahorrarse valiosos minutos en las mañanas que antes pasaba sufriendo por “no tener nada” que ponerse.
  • Ahora sabe dónde está todo en su casa: no más preguntarle a su mamá dónde están las sábanas o encontrar pinceles en mi cajón de pantalones.
  • La oportunidad de “curar” su espacio, definir una especie de estilo que resuena con ella y que va más allá de su clóset.
  • Redescubrir cosas que había olvidado que tenía, las cuales le han sacado una sonrisa o se han vuelto inútiles en su día a día de nuevo.
  • Sobre todo le enseñó que las cosas que tenemos son solo eso, cosas.

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