Bohemian Rhapsody: Mercury merecía más

Dirigida por Bryan Singer —director de las películas de los X-Men— y protagonizada por Rami Malek —de la serie Mr. Robot— llega Bohemian Rhapsody, película biográfica del cantante de Queen, Freddie Mercury. Nosotros ya la vimos y aquí la comentamos.

Superación de fórmula

Farrokh merecía más. Bohemian Rhapsody recurre a una propuesta muy genérica que no consigue hacerle justicia a la mítica personalidad de Freddie Mercury. Sobresalen la interpretación de Malek y la escena del concierto de «Live Aid», la que permite que la película termine en una nota alta. Lástima que el resto de su desarrollo se sienta poco inspirado y bastante comprimido.

La historia comienza con Freddie, cuando aún era llamado Farrokh, y trabajaba en el aeropuerto acomodando maletas. Desde entonces sabemos que estamos ante la historia de superación de un personaje que empieza en lo más bajo, pero que llegará a la cima de la fama mundial. Películas así ya hemos visto bastantes. Bohemian Rhapsody copia la misma fórmula de ascenso, caída y redención, solo que le incluye las modificaciones superficiales de la vida de Mercury.

El guion escrito por Anthony McCarten deja mucho que desear. Una sorpresa ingrata de parte de alguien con experiencia en escribir guiones biográficos como el de La teoría del todo (2014) y Las horas más oscuras (2017). La película es tímida a la hora de sugerir temas que podrían resultar controversiales para la gran audiencia. Sugiere pero no profundiza, se avergüenza de sí misma y termina cayendo en una simpleza indigna de un personaje icónico como Mercury.

Un ejemplo claro de la burda simplificación que sufre la película son las escenas en las que Queen escribe sus canciones más emblemáticas. Lo que le importa a Singer es que el público reconozca la canción de la que se habla, de forma rápida, y presenta el proceso creativo de componerla de manera insulsa. No hay esfuerzo alguno, todo parte de una sugerencia innovadora salida de la más absoluta nada por uno de los miembros.

El resto de la película se siente igual, como si estuviera en una prisa por mostrar la mayor cantidad de referencias posibles de la vida de Freddie Mercury en el menor tiempo posible. Por ejemplo, toda la ambigüedad sexual de Freddie intenta ser resumida en unos pocos segundos con la toma de un hombre ingresando a un baño y, posteriormente, se muestra su vida ya abiertamente gay en locales y situaciones que se apoyan en estereotipos bastante flojos. Nuevamente, Singer no se atreve.

Durante la película, Freddie define a Queen como una banda que apela a los rechazados, a los que se sienten que no pertenecen a ningún lugar y, sin embargo, son presentados como uno más del montón, de forma mezquina. Esto es terrible porque Queen es todo lo que Freddie dice que es, pero en la pantalla nunca se llega a ver. Una historia que podía dar para más termina cayendo en el cliché aleccionador. Eso es decepcionante.

***

 

Freddie era muchas cosas, menos una persona tímida, y esta película lo es. Tiene en sus manos a un personaje extravagante, un ícono, un dios del rock, interpretado magníficamente por Rami Malek, y lo desperdicia. La imitación corporal y gestual brilla en el escenario, sobre todo en los últimos minutos de la película, pero es traída abajo por un guion que se esfuerza en seguir una fórmula utilizada en tantas películas fallidas que se vuelve un cliché.

El señor Mercury no es ningún cliché.

 

 

 

Noticias Relacionadas

«¿Por qué no seguiste?», la serie gay peruana que es un éxito

El mejor museo de Sudamérica está en Perú y debes conocerlo

«Exhumación»: nuestra verdadera identidad al descubierto