Alzheimer, el ladrón de los recuerdos

La memoria contiene nuestras historias de vida y perderlas puede ser un proceso muy duro. Si nos formamos en recuerdos ¿Qué pasa cuando estos se desvanecen? ¿A dónde vamos cuándo no recordamos lo que somos?

Hace un tiempo atrás conocí al ladrón de los recuerdos, el delincuente más buscado por investigadores y científicos. Ese, que entra a hogares sin invitación y se lleva lo que más quieres sin ser visto. Lo peor es que lo hace de a pocos, lentamente, contigo en primera fila. No hay forma de detenerlo ya que aún no descubren cómo. Y lo curioso es que no podemos cerrarle la puerta, porque se vuelve parte de alguien a quien amamos. Este ladrón tiene nombre y una dispensa llena de historias e identidades, su nombre es Alzheimer ¿Has escuchado de él?

Es uno de los tipos de demencia más comunes. Según la OMS representa entre un 60 a 80% de los casos, generando deterioro de la memoria, el intelecto y el comportamiento. Inicia por robarse los recuerdos inmediatos y la memoria torna cada vez más frágil.

El deterioro va apagando neuronas progresivamente, llevándose consigo distintas capacidades cerebrales, como la coordinación y la resolución de problemas. Se generan conflictos para controlar los arranques emocionales y daños en áreas como el sistema límbico, instalan una imparable montaña rusa de cambios de humor.

¿Cómo cuidar a una persona con Alzheimer?

Como señala la Asociación del Alzheimer, los tratamientos se enfocan en ralentizar el avance de los síntomas y mejorar la calidad de vida pues aún no existe cura. Pero, pese a ser frustrante, la familia es un soporte emocional más fuerte que cualquier apagón mental. Por eso, te dejamos algunos consejos para cuidarlos:

  • Separa la enfermedad de la persona

Recuerda que es el Alzheimer el que te saca de quicio, hiere tus sentimientos o se olvida de tu nombre, no la persona. Tenlo presente, especialmente cuando sientes esos nudos en la garganta y la escasez de paciencia. Un truco que puede servirte es mirarlo fijamente a los ojos y tratar de verlo por encima de todo lo aparente. Ahí está la persona que quieres, que ahora necesita de ti.

  • Acóplate a sus capacidades

Con el tiempo dependerá cada vez más de ti y deberás aprender a adaptarte a sus rutinas. Al inicio te conviertes en supervisor a medio tiempo, quien observa y monitorea sus quehaceres. En etapas avanzadas, debes ayudarlo a ejecutar actividades básicas tales como comer, alimentarse, ir al baño, cambiarse y movilizarse. Recuerda que para todo habrá un ajuste, desde cortar la comida en trozos pequeños hasta ayudarte con sillas de ducha.

  • Ambienta el hogar para su bienestar

Esta enfermedad altera el sentido de la ubicación, los sentidos y el balance, lo cual puede ser peligroso. Por ello, es necesario ambientar la casa para lograr su comodidad y seguridad. Sin embargo, evita cambios drásticos, no queremos que su contexto se una a la inestabilidad. Por ejemplo, es común que deambulen por la casa, por eso, mantener la puerta con llave, alejar las cosas peligrosas y comprar una cama adecuada pueden ser buenas alternativas.

  • Mucha paciencia

Es probable que repita las mismas preguntas y comentarios pero no es con intención de molestarte, recuerda que tiene una enfermedad que afecta su pensamiento, razonamiento y juicio.  Sé paciente pues él tampoco tiene el control en esta guerra.

No lo fuerces a entender o a recordar algo que ha olvidado, pues solo conseguirás abrumarlo, ten paciencia con sus explosiones de mal genio, es probable que esto sea consecuencia de la frustración, impotencia o dolor de no poder valerse por sí mismo. Tenerle paciencia es una buena forma de enseñarle a tenerse paciencia a sí mismo.

 

  • Eres su lugar seguro

Es sorprendente como muchas personas con Alzheimer recuerdan a sus parejas de vida. Por ejemplo, si hay algo que mi abuelo nunca se olvida es de su “Judicita”.  Ella se mantiene firme en sus recuerdos, de una forma distinta pero presente. Es su lugar seguro y por eso pregunta por ella. Si sucede lo mismo en tu caso, intenta comprender esto cuando te sientas irritado pues es algo que recuerda con certeza y le trae calma.

 

  • Estimularlo es prioridad

Prolonga su autonomía lo más que puedas y no dejes de estimular sus funciones cognitivas mediante crucigramas, pupiletras y actividades del hogar. Si notas que ciertas conductas lo calman como, por ejemplo, rasgar papel o rayar hojas, no las cohíbas ni te molestes ya que no puede evitarlo y lo distraen.

Por otro lado, está demostrado por expertos e instituciones, que la música puede estimular actividades cognitivas como la memoria, generar calma o potenciar la expresión emocional, contribuyendo de manera positiva en la salud. Entonces, recuerda ese bolero o balada que le sacaban bailes y sube el volumen.

  • Ajusta la comunicación

El deterioro del lenguaje es frustrante pues hace más difícil establecer una conversación. Por ello, debes acoplarte a estos cambios y encontrar nuevas formas de comunicación ajustándote a sus capacidades. Utiliza un tono de voz claro y calmado, palabras sencillas, arma frases cortas y evita gritarle para no alterarlo. A su vez, busca establecer contacto visual, llámalo por su nombre para pedir su atención y disminuye las distracciones.

Cuando converses, conviértete en su aliado. Préstale atención para ayudarlo a completar sus frases e identificar lo que quiere, ayúdate del lenguaje no verbal. No busques corregir sus errores sino normalizar la situación, así crearás un ambiente cómodo para que se exprese. Recibe las repeticiones con paciencia y las equivocaciones con amor.

  • El poder del afecto

Conozco de cerca dos tipos de demencia y si algo he notado es que ni ellas pueden llevarse la respuesta a los estímulos afectivos. Una especialista en neurología muestra que los pacientes con Alzheimer tienen un profundo impacto emocional por eventos que ya no recuerdan, es decir, la emoción se queda con ellos a pesar de olvidar qué las generó. Suena desconcertante ¿no? Por ello, sé consciente que tus acciones afectan su bienestar, evita ser brusco y promueve emociones agradables con un buen trato.

Abrázalo fuerte y dile lo mucho que lo quieres. En ocasiones, no obtendrás respuesta pero en otras recibirás una sonrisa de regreso, lo cual es un regalo sin precio.

“Lo que la mente no pueda recordar, el corazón nunca va a olvidar.”

Para ti que estás afrontando estos cambios recuerda que existe un lenguaje que atraviesa los límites de la memoria, el vínculo. Aférrate a él que ningún ladrón podrá robarte eso.

 

El dato:

 

Infografia por Leyla López para Vía Expresa

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