Halloween 2018: 40 años de espera que valieron la pena

La película que cambió el cine de terror a finales de los años setenta por fin tiene la secuela que siempre mereció. Ya la vimos y aquí la comentamos. Alerta: spoilers a continuación.

El encuentro de viejos enemigos

Halloween (2018) recupera la dignidad de la franquicia responsable del nacimiento del subgénero del slasher, al reescribir su canon oficial con una secuela que estudia los traumas de las víctimas de la película original de Carpenter, a la vez que le rinde tributo. Dirigida por David Gordon Green, director de Stronger (2017) y Pineapple Express (2009), este Halloween es la mejor entrega que la saga de Michael Myers ha ofrecido desde su debut en 1978.

No estamos ante la presencia de un slasher prefabricado más del montón, aunque repita ciertas convenciones y desaciertos que su predecesora estableció décadas atrás. ¿Repetir fórmulas saturadas durante años por este tipo de películas puede ser considerado ya como un homenaje o continúa siendo una actitud, simplemente, floja? Sin embargo, a pesar de todas las conveniencias narrativas impuestas que uno encuentra, estas no terminan por restar al producto final.

Cuarenta años han pasado en Haddonfield. Laurie y Michael Myers, víctima y victimario, han envejecido en el exterior, pero dentro de ellos no ha pasado ni un día desde la noche de la masacre. Ambos siguen obsesionados el uno con el otro. Un enfrentamiento final se anuncia cuando Myers escapa en la noche de brujas, solo que esta vez los roles se invierten porque ahora es Laurie quien sale a la caza de su atormentador. Es la venganza de la presa.

Jamie Lee Curtis vuelve al personaje que la vio debutar en la pantalla grande, con sed de venganza en Halloween. (Fuente: IMDB)
Jamie Lee Curtis vuelve al personaje que la vio debutar en la pantalla grande, con sed de venganza en Halloween. (Fuente: IMDB)
Homenaje y reinvención en Halloween

El hecho de que esta obra quiera retomar a los mismos personajes de la primera película y estudiar las repercusiones que generaron los traumas producidos por las acciones ocurridas en el pasado, es ya un progreso. Dentro de la rama del slasher existe la costumbre de no asumir las consecuencias de las películas que preceden a la entrega de turno. Se quitan y ponen personajes sin mayor criterio que cumplir con la cuota de estereotipos, olvidándose de la continuidad dentro de sus mismos universos.

Pero el acierto de Gordon Green no se detiene en la mediocridad de hacer bien lo que otros hacían mal antes. Hay una idea detrás que busca complejizar la simple propuesta de un asesino de niñeras, sin caer en una burda pretensión: todo parte por hacer que Myers abandone el ridículo rollo de entidad sobrenatural por el de un psicópata más terrenal.

Las formas en las que Myers asesina a sus víctimas son tributos a sus atrocidades en la película de 1978, pero estas repeticiones no son referencias gratuitas que, simplemente, están ahí para la autosatisfacción de los fanáticos de la saga. Myers es ahora un asesino en serie organizado, y los asesinos en serie de este tipo repiten patrones en sus acciones.

Con ese cambio estos «homenajes» se justifican. En esa línea, la película también se vuelve una suerte de psicópata, porque vuelve a utilizar escenas y tomas similares a las de la película de Carpenter, de la misma forma en que Myers repite sus patrones de comportamiento. Los planos de los pies de una víctima cediendo ante la asfixia, el acecho en un clóset o la caída por un balcón son solo unos ejemplos.

Estas referencias visuales ayudan a reforzar la idea de replantear el rol de víctima y victimario entre Laurie y Myers. Durante el clímax, Laurie es filmada haciendo mucho de lo que el Myers de Carpenter realizaba hacia ella cuando era él el victimario. Las tomas con las que ahora se filma a Laurie también son similares a aquellas con las que se filmaba a Myers  en ese entonces. Mientras que Myers es ahora el que se esconde de la niñera, la niñera es la que cae por la ventana y es dejada por muerta.

El código visual sobre cómo filmar a los personajes cuando desempeñan cierto rol se invierte para reforzar la idea narrativa. Esa propuesta es digna de reconocimiento.

Michael Myers, el monstruo humanizado. Un objeto de estudio terrible en Halloween 2018. (Fuente: IMDB)
Michael Myers, el monstruo humanizado. Un objeto de estudio terrible en Halloween 2018. (Fuente: IMDB)
Oportunidades que no valen la pena

Resulta interesante que, a pesar de la rivalidad entre Laurie y Myers, el villano principal sea —en realidad— el psiquiatra encargado de estudiar a este último. Y, además, que la motivación que lo lleva a liberar al asesino sea la de utilizarlo como un objeto de estudio para comprender la maldad. El error fue darle libertad a un monstruo con la credulidad de que hay algo de valor que aprender de él, cuando, en realidad, no vale la pena esperar oírlo o entenderlo. Lo único que esto logra es causar más dolor, en especial en sus víctimas.

Es así: un viejo ícono del cine, responsable del trauma de varias mujeres, es defendido por un hombre que aún cree que hay algo de valor que este puede aportar al mundo, cuando toda la evidencia apunta a que es un monstruo incorregible que debe ser encerrado y alejado de sus víctimas.

¿Suficiente comentario social para ustedes? Pues Laurie no está dispuesta a volver a ser una víctima y entrena a su hija y nieta para que también estén listas, para que cuando el momento llegue, estas tres generaciones de mujeres puedan defenderse por sí solas.

El dato

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