Un cambio en la industria: del fast fashion a la moda responsable

La conciencia de una nueva generación de clientes, sobre lo que implica producir moda a un ritmo acelerado, ha empujado a la industria hacia un nuevo rumbo. Uno más ético, inclusivo y sostenible.

La producción fast fashion es relativamente nueva; especialmente en Perú, donde marcas como Zara, H&M y Forever21 llegaron apenas hace 6 años. Con ellas, la industria de la moda cambió y también la mentalidad de los consumidores. La ropa que consigues en estas tiendas es de un precio considerablemente más bajo y renuevan su inventario más seguido. Así, los consumidores no tienen que esperar al cambio de temporada como normalmente hacen las tiendas por departamento como Ripley y Falabella. Por estos motivos, con la llegada de H&M, las ventas de Falabella bajaron un 1.4% en el 2015, y Ripley lo hizo con un alarmante 8.1% ese mismo año.

El fast fashion causa bastantes problemas y no solo para su competencia. Para sacar ropa nueva constantemente y mantener precios bajos, estas marcas recurren a mano de obra barata. Es decir, que la ropa que compras en Zara no es de España, sino que está hecha en Vietnam y solo dios sabe bajo qué condiciones. Una lección que, aunque no aplica a la misma industria, aprendimos acá con el incendio de una galería en el centro de Lima, que dejó 4 muertos, 15 heridos y abrió los ojos de los limeños sobre la esclavitud moderna.

De Perú con ética

De ahí nace la necesidad de marcas sostenibles y responsables como Threads of Peru, una organización que trabaja con 130 artesanos de Cusco para unir conceptos modernos de diseño y de artesanía tradicional del tejido. “Los textiles elaborados por artesanos quechua tienen importancia histórica. Estos ya tienen un valor y nuestra labor es que los tejedores se enorgullezcan de su trabajo y nuestros compradores conozcan de esta técnica ancestral”, comenta Ligia Gómez, coordinadora de proyectos y consultora de ventas de la organización.

Foto: Threads of Peru

Su misión es legitimar y empoderar a las artesanas de estas localidades. Por eso, el pago es pactado en conjunto con cada artesana tomando en cuenta la complejidad de la pieza, los días trabajados y el tipo de lana o fibra utilizada. “Ellos deciden lo que es justo por su trabajo, los hemos asesorado para que puedan evaluar sus costos”, indica Ligia Gómez.

Según un estudio publicado en la revista Forbes, el 60% de los millennials dice estar interesado en la moda sostenible, pero solo 37% es consumidor.

Regreso al pasado

Como respuesta al consumismo masivo, la ropa vintage también toma fuerza. “Creo que estamos en una época de conciencia en relación al planeta y también en una época de romper con reglas y estereotipos en cuanto a la ropa”, afirma Andrea Alzamora de Al Peso Shop, una tienda de ropa vintage ubicada en Miraflores. Además de los beneficios sociales, Andrea asegura que la ropa vintage también es mejor por su calidad y exclusividad. Una combinación que enamora a cualquier fashionista.

Frente al fast fashion, una alternativa es la ropa vintage. Foto: Al Peso Shop
Frente al fast fashion, una alternativa es la ropa vintage. Foto: Al Peso Shop

“No hay dos prendas iguales, si te compras algo aquí nadie lo tendrá.” – Andrea Alzamora, Al Peso Shop

No hay talla negativa

Otro de los problemas que trae el fast fashion es la estandarización de tallas. Como menciona Liuba Kogan, jefa del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Pacífico: “la estandarización y masificación de la producción de la vestimenta trae ventajas en cuanto a precios y diversidad de productos, pero también efectos perversos: nos sentimos culpables por no parecernos a las modelos de los encartes, por no entrar en las tallas y por añorar bajar de peso.”

Sin embargo, en estos últimos años la industria de la moda ha vuelto a cambiar. Gracias a medios sociales como Instagram que se ha hecho mainstream lo denominado talla positiva. Un grupo que ha aumentado con los años y al que muchas marcas han respondido con apertura en el mercado. Solo en Estados Unidos, este nuevo mercado llegará a valer US$ 44 mil millones este año, de acuerdo a un estudio publicado en Forbes.

Foto: Miss Rosé

En el Perú, las mujeres vienen en todas formas y tamaños, motivo por el cual Claudet Fernandez decidió pensar en mujeres de todas las tallas al crear su línea de lencería QueenDom. “Elegí este rubro porque creo que hay un nicho de mercado desatendido. Las mujeres peruanas no tenemos un tallaje estandarizado, existe una gran diversidad de morfología corporal”, asegura la diseñadora.

Pero el ser talla positiva o talla inclusiva no solo se refiera a plus size.  Un estudio sobre tallas realizado por Harvard afirma que en el Perú la mujer promedio mide 1.53 m. Lo que indica que en el Perú hay mercado para la mujer petite. Mercado del que Luisa Mayorga, fundadora de la marca de loungewear y pijamas Miss Rosé, ha sabido sacar provecho. “El mensaje es que la ropa se adapte a ti, no tú a la ropa”, declara Luisa.

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