«Fránquenstein: jugando con fuego»: el precio de querer ser Dios

La célebre e histórica pieza literaria que nos cuenta la historia del famoso Fránquenstein, el humano creado en un laboratorio, ha sido adaptada en una puesta para ponernos a pensar sobre las inquietudes existenciales y el dilema por lo desconocido.

Fránquenstein: jugando con fuego es un interesante y elaborado montaje sobre la historia del mítico ser humano de laboratorio que, según quienes lo rodeaban, era un pecado viviente. La obra, originalmente creada por Mary Shelley y adaptada al teatro por Bárbara Field en 1989, dio como resultado un estremecedor relato sobre la intensa ambición del ser humano, que puede ser capaz de devastarlo todo a su paso, hasta llegar a acabar con sí mismo.

Esta versión nacional, producida por Fernando Luque —joven actor y productor teatral— se convierte en su ópera prima y en una muy buena opción para repensar uno de los temas centrales de la histórica pieza narrativa: la responsabilidad y deuda de nuestras acciones y decisiones y los dilemas existenciales que esto puede conllevar.

Montaje potente e impresionista

Viktor Fránquenstein (Oscar Yépez), adulto y enfermo, ha dado, finalmente, con el paradero de su abominable creación y se dispone a borrarlo de la faz de la tierra. Sin embargo, su debilidad física y mental, contrarrestada por la audacia y la fuerza del monstruo (Alaín Salinas), le hacen comprender pronto que hay más probabilidades de ser asesinado por él. Pero la criatura no desea hacerle daño, solo desea saber: ¿Por qué fue traído al mundo? ¿Por qué es como es? ¿Por qué la gente lo detesta por su aspecto? ¿Por qué el mundo funciona de esa manera?

La violencia con la que los cuestionamientos de la criatura golpean a su creador es magnificada por su precario estado y por un pasado que nunca dejó de perseguirlo. Y es que, para responder a todas esas preguntas, es inevitable para Fránquenstein recordar todo aquello que lo destruyó.

El montaje se divide en dos realidades, pasado y presente, para contarnos la historia de un joven científico (Santiago Suárez) comprometido con el amor de su vida (Quini Gómez) pero, sobre todo, obsesionado con una verdad que solo puede conseguir a través de la ciencia.

De carácter impresionista, el montaje se caracteriza por lograr hermosos e impactantes momentos congelados en potentes imágenes y respaldados por una polémica cuestión: ¿Le corresponde a los seres humanos dar la vida? ¿No es una apuesta demasiado grande el jugar a ser Dios? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por un conocimiento de esa magnitud?

Todas esas respuestas las vive en carne propia el mismo Víktor, quien no solo consigue la hazaña, sino que paga todo el precio que eso conlleva.

Apoyados por un diseño escenográfico y de maquillaje meticuloso e intenso, este montaje nos presenta la oportunidad de revisitar un clásico de la literatura mundial a través de una atractiva e intensa experiencia a todo nivel.

Los datos

  • La obra estará vigente hasta el 7 de octubre en el Auditorio del ICPNA de Miraflores (Av. Angamos Oeste 160 – Miraflores)
  • Las funciones van de jueves a domingo a las 8 p.m.
  • Las entradas pueden adquirirse en las boleterías del auditorio del ICPNA o en las de Teleticket, de Wong y Metro.

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