Sangra, Grita, ¡Late!

Bullying, codicia y sacrificio. Tres historias distintas narradas por Miyashiro en su cuarta propuesta cinematográfica, con una apuesta visual digna de analizar.

Aldo Miyashiro vuelve a mostrarse como director de cine con el estreno de su nueva película Sangra, Grita, ¡Late!, que desde el pasado jueves se encuentra ya en la cartelera nacional. Mostrando una propuesta distinta a sus predecesoras, esta parece buscar “alejarse” del sello de cine meramente comercial para apostar por un estilo narrativo propio, básico de puestas consideradas en festivales de cine.

Sabemos que dicho intento no ha sido fallido ya que, previo a su estreno en nuestro país, la nueva producción ya ha tenido cierto recorrido internacional. Fue finalista en el Austin Film Festival en octubre de 2017, ganadora del Premio del Público en el  Festival de Cine Latino de Houston en mayo de este año, así como participante destacada en la sección “Hecho en Perú” del Festival de Cine de Lima que se viene desarrollando actualmente.

Tres historias de género distinto se presentan, generando al espectador un viaje fluido entre tragedia, humor negro y melodrama: Juan es docente en el mismo colegio en el que fue víctima de bullying; Eva y Diana asesinan involuntariamente a un millonario al que intentaban robarle en medio de una noche de desenfreno y Sofía busca llegar a cumplir 17 años y curar una grave enfermedad consiguiendo un donante de corazón.

“Sangra” representa al bullying y sus efectos en la vida de un adulto; “Grita” retrata en clave de humor las consecuencias de la ambición desmedida y “¡Late!” es —a mi parecer—una reflexión clara sobre el amor familiar y el sacrificio y no una crítica al sistema de salud nacional, como algunos intentan describirlo.

Los extremos de la narración están marcados por dos historias dramáticas y, al medio, una de humor negro para aligerar la carga. Su particularidad no solo radica en ser protagonizadas por el mismo grupo de actores en roles y caracterizaciones distintas, sino también en el estilo de fotografía y ritmo con el que se dota a los relatos.

Miyashiro ha logrado cuidar los encuadres y colores acorde al sentimiento provocado por cada propuesta narrativa: colores azules y naranjas, luces reventadas, planos abiertos y cámara estática para colaborar con el ritmo lento y drama personal de Juan en “Sangra”; planos cerrados, encuadres compartidos, transiciones con efectos de audio y música acelerada para sentir la presión y estrés de Eva y Diana en “Grita”, y colores pálidos, contrastados y poca luz para contextualizar la situación al límite en la que se encuentra Sofía en “¡Late!”

Cada historia avanza a un ritmo distinto hasta que llega a un clímax con giros inesperados. Sin embargo, mientras que “Late” y “Grita” lo hacen de manera más explícita, “Sangra” no termina de cuajar, cuando es este relato el que, a mi consideración, contiene la temática social más relevante de la propuesta. Esto genera un desbalance en el ritmo de la puesta y corta la percepción del objetivo global de la película.

El humor negro y el buen uso de recursos visuales en “Grita”, junto a la química explícita de sus protagonistas, se ubican como lo mejor de la película. Las desventuras de sus cuatro torpes personajes, desesperados por esconder un cadáver y huir impunes, podrían funcionar como trama perfecta para una historia en solitario.

Si bien no todos los actores logran ensamblarse de manera efectiva en sus tres roles —haciéndose notorio el desbalance en las actuaciones por el origen y formación actoral de cada uno— las participaciones más destacadas del elenco caen en los roles interpretados por Óscar Carrillo y Rómulo Assereto, quienes logran mimetizarse en sus distintas performances y llevarse completamente el peso de la historia.

Y así es como, con tres historias encerradas en la vorágine de nuestra ciudad, personajes condenados a un destino sin ser necesariamente culpables y dramas que transcienden a una locación geográfica, Sangra, Grita, ¡Late! apunta a diferenciarse del estereotipo comúnmente comercial, intentando ser una propuesta de rostro más serio y elaborado, algo a destacar en un medio como el nuestro. Arranca risas en ciertos intervalos, te rompe el corazón con la escena final y te deja con algunas preguntas al salir de la sala, preguntas que el mismo espectador puede ir respondiendo a medida que sigue pensando en ella.

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