Inés Melchor, superando los obstáculos de la vida

Un nuevo documental sigue los días de Inés Melchor. Y aunque este queda corto para su historia de éxito, es un merecido reconocimiento a su perseverancia.

Un nuevo documental sigue los días de Inés Melchor. Y aunque este queda corto para su historia de éxito, es un merecido reconocimiento a su perseverancia.

Lejanos pero no ajenos fueron los inicios deportivos de la maratonista peruana Inés Melchor Huiza. Una destacada atleta que supo sacarle kilómetros de ventaja a los desafíos que tuvo para convertirse en una deportista de élite.

Inés sabe lo que es correr con el viento en contra y ha combatido una y otra vez los prejuicios por ser mujer y andina. Su historia de superación fue vista con muy buenos ojos por los directores Oscar Bermeo y Christian Acuña, quienes la invitaron a ser la protagonista de “Prueba de Fondo”, un documental que explora la rutina de un grupo de maratonistas de la Sierra Central que buscan romper algo más que sus marcas.

No en vano, Inés ha inspirado a decenas de jóvenes locales que, al igual que ella, buscan ser representantes del fondismo peruano en nuestro país. “Inés ha venido a verme” se escucha entre los nuevos competidores que aunque saben que es una mujer de pocas palabras, se sienten respaldados y reconfortados por su presencia.

Sus primeros pasos

Afectada por los flagelos del terrorismo, Inés dejó su natal Huanacavlica para migrar junto a su familia en Huancayo. Fue allí donde pasó parte de su infancia y a la vez nació su pasión por el atletismo.

Su padre, Teoboldo, forjó el hábito de entrenar de ella y aunque su madre, Fidela, no podía verla competir debido a su trabajo, siempre fue un orgullo para ella. Tan solo un año después de empezar a practicar, las arduas sesiones de preparación dieron sus primeros frutos; se coronó campeona nacional en la categoría infantil y trajo la primera de muchas medallas a casa.

Esto no hubiese sido posible sin la ayuda de Mauricio Rivera, su primer entrenador y guía, quien luego de verla correr en una maratón de su colegio, Nuestra Señora de Cocharcas, no lo pensó dos veces: con tan solo once años, Inés estaba destinada a ser grande.

Un camino de perseverancia

En su etapa universitaria, Inés Melchor no dejó de lado el deporte. Entrenaba por las mañanas y tardes; mientras que por las noches, asistía a clases. Fueron seis intensos años, pero ella nunca se quejó ni trastabilló. Mantuvo el perfil bajo pero con la frente en alto. Siempre.

Pese a sus logros, el reconocimiento fue ingrato y tardó en llegar. Aunque en los Juegos Bolivarianos del 2013 trajo a nuestro país dos medallas de oro, fue dejada de lado en el reportaje de una conocida revista. Al igual que otros deportistas andinos y afroperuanos, Inés fue relegada de sus raíces.

Esta frustración se repitió en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, en donde a poco más de dos semanas de la competencia, Santa Inés vio cómo su sueño de alcanzar una medalla olímpica era postergado.

A fines de julio de 2016, culminando su preparación en Corea, sufrió una  lesión en la parte posterior del muslo izquierdo. Restaban solo veinte días para la carrera más importante de su vida. Y con ello, vino la negación. Se sometió a toda terapia de efecto rápido disponible y, con el pundonor que la caracteriza, decidió participar. El dolor físico era intenso, pero sus ganas de triunfar fulminantes. Y aunque tuvo que abandonar la competencia sin cumplir su objetivo, lo hizo con la personalidad que la caracteriza. Una vez más, su esfuerzo y dedicación no fueron valorados por la opinión pública, lo que la llevó a alejarse dos meses del fondismo.

El regreso victorioso

Atrás han quedado aquellos días donde sus tíos recolectaban dinero con el fin de comprarle zapatillas adecuadas o en donde los medios no le daban cabida. Hoy, Inés Melchor es vestida por una conocida marca deportiva y tanto peruanos como auspiciadores acompañamos su trote en cada competencia en la que participa.

Atrás quedó también, el dolor. Tras su breve retiro del deporte, Inés volvió con una decisión clara: tras dedicarle su vida al atletismo, su carrera no podía terminar así. En el 2017, con la valentía que la caracteriza, Inés volvió a competir. Valió la pena pues ese año ganó la medalla de oro en la Maratón de Santiago de Chile. Con un cartel de apoyo a los damnificados por el Niño Costero, Santa Inés nos recordaba que estaba de regreso y que no era indiferente al dolor del país que siempre dejó en alto.

Con una larga lista de medallas conseguidas en Sudamericanos, Bolivarianos y Panamericanos, la atleta aún sueña con la medalla olímpica. Su objetivo está trazado y tiene fecha de expiración. Inés ha anunciado que su retiro será después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Decidida a lograr su cometido, Inés Melchor no pierde el ritmo y mantiene el tiempo con la frente en alto. Actitud similar a la que demuestra en cada prueba de fondo. Postura que maneja los hilos de todo fondista a partir de los treinta y cinco kilómetros de recorrido. Y con la que, dentro de dos años, escribirá el desenlace de esta historia de perseverancia.

El dato

  • El largometraje tuvo una gran acogida en el “Festival de Cine de Lima” y en este, se ve su preparación para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Esperemos que pronto llegue a los cines.

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