El abuelo: Una película que nos lleva de viaje por el norte del Perú

El abuelo es la ópera prima del director Gustavo Saavedra. Inspirada en una experiencia personal que Saavedra tuvo luego de viajar con su familia al pueblo natal de sus abuelos, cuenta la historia de un viaje de carretera realizada por tres generaciones de hombres de una sola familia. Nosotros ya la vimos y aquí la comentamos.

Un nieto descubre sus orígenes

Esta es una película de carretera que inicia en Lima y termina en la sierra del norte peruano, más concretamente en Huamachuco. Crisóstomo, el abuelo de la familia y personaje principal de la película, está cerca de cumplir 80 años; su hijo Alfonso y sus nietos, Santiago y José María, deciden llevarlo de viaje a su pueblo natal que no ve desde que tenía nueve años. En el camino irán descubriendo partes no conocidas de la vida del abuelo que pondrán en riesgo la unidad familiar.

La relación principal que se plantea dentro de este cuarteto se da entre el abuelo y su nieto José María, este es un aspirante a cineasta y ha decidido grabar un documental sobre el viaje que su abuelo emprende de regreso a su tierra. Esto conlleva a que buena parte de las tomas estén grabadas a cámara en mano estilo documental, estas tomas vendrían a ser las recogidas desde el punto de vista de la cámara del nieto y se intercalan con las grabadas desde dentro de la ficción misma de la película en general.

José María, como buen aspirante a documentalista, registra todo lo que tiene a su alcance, desde los largos viajes por la Panamericana Norte hasta los picos de mayor intensidad emocional que surgen a manera de gritos. En un inicio la relación con el abuelo se limita a la de observador y objeto de estudio, pero conforme la película va llegando a su final José María pasa a involucrarse más con su abuelo y conocerlo como él quiere ser recordado. Este cambio en la relación es bien recibido, pero se pudo aprovechar más temprano.

Tres generaciones orinando frente a la inmensidad del paisaje, una de las imágenes más recurrentes durante a película. (Fuente: Cinencuentro)

Desfile de personajes secundarios

De los otros dos personajes que acompañan al abuelo en su viaje de retorno el que más destaca es el de su hijo Alfonso, interpretado por Javier Valdés, es un hombre que empieza como la persona más comprensible y conciliadora, pero termina siendo la que recibe más daño. La actuación contenida de Valdés contrasta con la del personaje del otro nieto, Santiago, un personaje que debería causarnos compasión por su trastorno límite de la personalidad, pero que termina siendo molesto y se retira sin aportar mucho a la historia.

Sin embargo, los que más aportan a que la película se sostenga a lo largo de este recorrido por el país son los personajes secundarios que sirven como registros vivientes para recordar y descubrir al abuelo. Hay de todos los tipos, desde unos bastante extravagantes (un azafato obsesionado con Yma Sumac) hasta otros más sentados en el realismo que establece nuestra familia viajera.

El viaje a Huamachuco bien puede servir como una metáfora al aguante que uno tiene que hacerle a la familia a lo largo de la vida. Uno puede bajarse de la camioneta, dejarla cuando quiera y quedarse con quien quiera al final del día. El sentido de la obligación de soportar a la sangre no se pierde, pero al menos se cuestiona. Las preguntas son más interesantes que las respuestas que se ofrecen.

“El abuelo” nos manda de viaje por el norte del Perú, pero en realidad nos lleva hacia el interior de una familia que no se conoce realmente y en la cual sus miembros tienen que decidir que tanto están dispuestos a continuar con sus relaciones interpersonales ya establecidas una vez la imagen que tienen de ellos cambia.  

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