Cuando la ira ataca: conviviendo con ataques de ira

Mantener la calma ante una situación molesta puede ser imposible de lograr para alguien con ataques de ira. Se puede conocer mil normas de comportamiento de pies a cabeza, pero en la práctica, regularse es parecido a intentar apagar una bomba que está a milisegundos de explotar.

¿Cómo se siente un ataque de ira?

Sé que tengo que controlarme, sé que me voy a arrepentir de las cosas que estoy diciendo, pero ahorita todo se siente tan irritante. Sé que parezco un loco (a) y sé que me voy a sentir mal en unos minutos, pero ahorita todo se siente muy estresante. En esos momentos siento una cólera que me hace perder el control, no lo puedo dominar, me pongo a discutir y solo me desfogo. Es un control que no tengo. Luego pasa, después me arrepiento y es una sensación fea. Me siento mal, triste y sé que tengo que pedir disculpas.

Según la respuesta que me dé el otro, la cólera puede aumentar o frenarse más rápido. Si la persona evita una reacción agresiva es más fácil calmarme pero si su respuesta me provoca más, es probable que no me calme nada y que empeore todo. Que alguien me diga “así no puedo hablar contigo” puede ser de mucha ayuda, así como coordinar previamente una frase que me incite a reaccionar.

Todos sentimos enfado por distintas situaciones, sin embargo, ante un ataque de ira la persona siente que la emoción se apodera de sí misma y pierde el control totalmente, generando una reacción desproporcionada que hace que diga o haga cosas que en una situación normal no haría. La razón se nubla y se llena de pensamientos equivocados que hacen que perciba lo que sucede de distinta manera y entonces el sano juicio pasa a un quinto plano.

Más que una fórmula científicamente comprobada para afrontar a los ataques de ira quiero contarte cómo es convivir con alguien que los tiene y lo que nos ha servido a mi familia y a mí para manejarlo a través de nuestra experiencia. ¿Listo? Aquí vamos.

He tenido una experiencia cercana a los ataques de ira toda mi vida. Alguien que quiero mucho tiene dificultad en regular ésta emoción llamada “ira” y puede pasar de ser una fiesta andante a un volcán en erupción en cuestión de segundos. Son como unos arranques coléricos que aparecen inesperadamente y generan reacciones agresivas que muchas veces te agarran por sorpresa. En nuestro caso, no mediante violencia física sino más bien a través de explosiones verbales. Hay momentos en los que logras controlar el impulso de responder pero hay otros en los que no lo consigues y te dejas llevar por las emociones.

Es algo que entendemos o al menos intentamos hacer pues somos familia. De algún modo ha influenciado en nosotros de distintas maneras. Por ejemplo, pienso que nos ha hecho más perceptivos a las respuestas emocionales de los demás, formando una reacción más sensible a las palabras, renuencia a las peleas, cierto rechazo cuando alguien externo a la familia responde alterado. A su vez, hace que en ocasiones estés más a la defensiva o que, por el contrario, consigas tolerar con más paciencia a una explosión emocional. Sin embargo, a veces simplemente te saturas, decides evitar una situación colérica y alejarte del conflicto hasta que la persona se calme. Más allá de eso, me ha enseñado mucho sobre la empatía y cómo esta no debe surgir solo cuando la situación es llevadera y te sensibiliza sino que es muy necesaria cuando las situaciones son complicadas, te incomodan y te causan malestar.

Mediante lo que he visto, estas explosiones de ira se expresan de distintas maneras:

(a) La persona simplemente explota, se desfoga y no para hasta haber sacado todo el impulso.

(b) Intenta guardarse la ira, pero esta igual se refleja mediante comportamientos pasivo-agresivos. Por ejemplo, no dice nada pero se mueve bruscamente, sus respuestas son cortantes y los gestos faciales parecieran estar a punto de explotar.

(c) Consigue frenar el arranque más rápido por algo que hizo o dijiste que generó que se calme.

Convivir con arranques de ira no es fácil. Sin embargo, es algo que ahora entiendo un poco mejor. Estas son algunas de las cosas que hemos aprendido con el tiempo y que quizás te ayuden a ti también:

  • La ira no escucha: Parece que cuando una explosión de ira empieza pocas cosas pueden frenarla. Siempre he pensado que es como un río caudaloso que necesita seguir su curso para poder calmarse. Por ello, para llegar a un acuerdo debes esperar a que termine su descarga. No se puede negociar cuando está en plena explosión, lo único que consigues es impotencia al no ser escuchado o al ser malinterpretado. Es mejor esperar a que termine para luego conversar sobre lo que pasó.

  • Hablar es necesario: Los arranques de ira pueden generar conflictos y discusiones pues muchas veces son hirientes para todas las partes, frente a lo cual hablar de lo sucedido es la única forma de entenderse y evitar resentimientos. Cuando pasa el arranque se necesita hablar, no tiene que ser de inmediato pero en algún momento se debe hacer por más molesto que sea. Decirle cómo te hizo sentir, intentar identificar qué lo (a) irritó y entablar un diálogo es necesario para cuidar los vínculos.
  • La agresividad genera más agresividad: Combatir el fuego con más fuego solo nos termina quemando a todos. Para los miembros sin “ataques de ira” es también difícil controlarse cuando te sientes atacado. Somos personas y sentimos, es válido molestarnos también y es justificable que nuestro instinto nos incite a reaccionar. No digo que no debamos hacerlo, pero si algo es cierto es que responder con agresividad a un ataque solo consigue aumentar la intensidad de la ira. Entonces, nosotros que podemos controlar mejor la emoción, debemos hacer un esfuerzo e intentar enfriarla de algún modo.
  • Enfriar la situación no significa ser el encargado de arreglarla: Es cierto que todo depende mucho de tu estado de ánimo. Si estás de malas ayudar en la situación se hace más complicado porque el enfado te encuentra cuando ya estás a la defensiva. Sin embargo, si consigues regularte puedes intentar enfriar la situación. ¿Cómo? Pidiéndole hablar cuando esté más calmado(a), mediante palabras que lo(a) ayuden a calmarse o simplemente saliendo de la habitación. Eso no significa que hayas “perdido” en la pelea. Recuerda, aquí no se trata de perder o ganar, se trata de solucionar un conflicto entre personas que se quieren.

  • Manejar la situación es un proceso de aprendizaje: Antes no comprendía para nada las reacciones y le echaba más leña al fuego, pero eso solo conseguía avivarlo más. Al principio no lo entiendes y da rabia, pero poco a poco empiezas a darte cuenta de lo que es y aprendes a manejarlo de mejor manera. Reconocer qué cosas funcionan o empeoran la situación es un aprendizaje constante. En ocasiones anticipamos una reacción y eso nos hace estar más preparados, otras veces nos sorprenden o simplemente nos saturamos.
  • Se necesita harta empatía: El ingrediente principal para convivir con alguien con problemas de control de ira es tener harta empatía. Es necesario conseguirla en grandes cantidades y guardarla en todas las dispensas de la casa. Hablar de empatía merecería una nota entera, pero quiero dejarte con esto: No tienes que compartir las opiniones del otro ni estar de acuerdo con sus reacciones llevadas por la ira, es una cuestión de entender por qué está actuando de ese modo. Es decir, ponerte en paréntesis por un momento e intentar comprender su reacción emocional. Después de un arranque de este tipo, la empatía es necesaria para poder escuchar de manera sincera y aceptar un diálogo.

  • Crear técnicas puede ser útil: En mi casa, en ocasiones se ha acordado decir palabras que ayuden a que se calme y ha funcionado. Nosotros les llamamos “palabras clave”. También es útil hacerle ver cómo se está poniendo con palabras precisas: “Te estás alterando mucho” o “no te estás dando cuenta pero tu reacción es…”. Algunas veces funciona y otras veces no, es cuestión de ser constante.
  • El amor ayuda: Lo que más ayuda es el amor que le tienes, por más que te irrite y sientas mucho fastidio e impotencia en el momento. Entender y dejar pasar es importante cuando se trata de alguien a quien quieres. Las explosiones atacan a todos y las disculpas que vienen luego de ellas son sinceras pues las palabras que salen bajo la ira no son intencionales, son más bien una consecuencia de la emoción descontrolada.

Sobrellevar los arranques de ira es un trabajo en equipo que involucra esfuerzo por parte de todos los miembros y principalmente la decisión de la persona por hacer algo al respecto. Cuando la ira se pone en evidencia, nos enseña a querernos con virtudes y defectos. Si se trabaja bien, puede tener efectos positivos en la salud familiar y personal. A fin de cuentas, cada familia tiene su propio circo y yo quiero al mío con locura.

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