El autismo, una forma distinta de acercarse al mundo

Empecemos por lo principal: “el trastorno del espectro autista” (TEA) es solo un diagnóstico. No quita la capacidad de ser persona, hijo, hermano o amigo. Los niños que lo tienen, al igual que los demás, tienen su propia forma de ser y esas diferencias no tienen por qué ser malas, simplemente hay que entenderlas para poder ver el mundo a través de sus ojos.

La necesidad de conectar y sentir vínculos afectivos es natural y ver que esto no se da puede ser muy frustrante. Es algo que los que conviven con personas con autismo (TEA) pueden sentir a menudo, pues las dificultades en la interacción social y la comunicación son algunas de sus características principales. Sin embargo, la clave para conectar con ellos es ver a dichas “dificultades” como distinciones, para poder actuar en su beneficio y evitar que se conviertan en limitaciones.

En lugar de categorizarlos, se debe responder a sus necesidades para poder eliminar las barreras sociales e incluirlos como se merecen. Hay que valorar las capacidades individuales de cada persona, potenciarlas y no permitir que un diagnóstico sea motivo de exclusión. Empecemos con ello desde casa, aquí te dejamos 6 formas para facilitar el contacto con tu hijo:  

1. No fuerces la interacción, aprende de los silencios

Para una persona con autismo responder a una interacción social se siente como estar en un laberinto y entablar conversaciones puede ser bastante estresante. Más aún si se le fuerza a hacerlo, por ello, hablarle sin obtener respuestas es usual y puede generar mucha angustia, sin embargo el truco está en aprender a apreciar su silencio. Que no responda no significa que no le agrades o que no disfrute de tu compañía. No es desinterés o malcriadez, es una forma de expresión, no lo tomes personal, pues eso solo abrirá más la sensación de distancia entre ambos.

Toma los silencios como una oportunidad para observar y aprender más sobre su forma de ser, inclúyete en la actividad que está realizando sin interferir en ella y de manera muy gentil. En lugar de irrumpirlo con una pregunta puedes decir un comentario abierto sobre lo que está haciendo para que no se sienta invadido ni presionado, de ese modo invitas a la comunicación mas no la exiges.

2. Busca el canal adecuado para que puedan comunicarse

A través del lenguaje corporal comunicamos cosas todo el tiempo. En el caso de alguien con TEA, esto se vuelve un reto pues mantener el contacto visual se siente casi imposible, se le dificulta leer emociones y gestos faciales. Es decir, este tipo de comunicación no es su fuerte. No es indiferencia, es un déficit en la comunicación no verbal. Expresar sus sentimientos es también una necesidad, le gusta sentirse escuchado y valorado, solo debemos darle tiempo y encontrar el método adecuado para propiciar que logre hacerlo.

Brinda estímulos visuales cuando quieras ayudarlo a entender algo,  pues responde de mejor manera a la comunicación visual y escrita, sácale provecho a ese punto fuerte y comunícate mediante imágenes, dibujos u oraciones escritas. Cuando quieras decirle algo de manera verbal, trata de ser directo, expresarte de manera concreta, utiliza oraciones cortas y acomoda tus palabras en su significado literal, pues se les complica entender los sarcasmos o enunciados figurativos, de ese modo evitarás confundirlo, no olvides darle tiempo para procesar lo que le dijiste.

3. Ayúdalo a integrarse cuando quiera hacerlo

El TEA genera una dificultad para acomodar el comportamiento a diversas situaciones sociales y conlleva a dificultades para hacer amigos. Sin embargo, el hecho de que el niño aparentemente se “cierre en sí mismo” o se excluya del grupo, no significa que no quiera jugar o tener amigos, sino que es una consecuencia de la dificultad para comprender y mantener relaciones sociales.

Por eso, asegúrate de sensibilizar a su entorno sobre ello, de modo que no lo tomen negativamente. No lo fuerces a interactuar y espera a que él quiera hacerlo, así como hay situaciones sociales que lo espantan, hay momentos en los cuales sí desea integrarse solo que no sabe cómo hacerlo, si percibes su interés, trata de incluirlo en la actividad de manera sutil. A través de la experiencia identificarás el método más adecuado para hacerlo y podrás educar a su entorno sobre ello.

4. Descubre sus intereses y hazlos tus aliados

Una persona con TEA, tiene dificultades para mantener una conversación, sobre todo con un desconocido. Sin embargo, hablarles de un tema que les causa interés es una buena forma de entablar una conversación.

Que no tenga los mismos intereses que tú, no significa que no los tenga en absoluto, solo debes observar bien y descubrir sus gustos. Un niño con TEA tiene intereses específicos, desarrolla un gusto profundo hacia ellos y se informa detalladamente volviéndose experto en la materia. Una vez que lo identifiques,  muestra interés sincero y hazle preguntas sobre el tema, ello hará fluir el diálogo con mayor facilidad ya que hablar de eso es algo que disfruta realmente y, al mismo tiempo, sentirá que te interesas en él/ella.

5. Trata de no sorprenderlo y mantenlo informado

Una persona con TEA realmente disfruta de la rutina, lo hace sentir tranquilo y seguro pues es lo que conoce y maneja, a su vez, acostumbra a comportarse de manera repetitiva y rígida, lo que no significa que haya algo malo en él, es solo su forma de desenvolverse en el mundo, los contextos nuevos pueden sentirse bastante estresantes por lo que prefiere cosas a las que ya está acostumbrado.

Respeta sus rutinas para evitarle la angustia que siente ante los cambios, infórmale las novedades para que pueda estar preparado. Entiende que no es terquedad, sino que su pensamiento funciona mejor en rutina, reconoce y ten paciencia con sus rituales para que puedas respetarlos ya que conforman lo que es.

6. Familiarízate con su sensibilidad y cuida sus sentidos

Las personas con TEA son muy reactivos a estímulos sensoriales pues sus sentidos están en “altavoz” intensificando todo, por lo que el exceso de ellos puede causarle incomodidad, transformando al mundo en un lugar abrumador. Sin embargo, esa sensibilidad también puede generarle interés a ciertas sensaciones que sí les son agradables.

Foto: Timothy Archibald

Conoce qué le incomoda a tu hijo, qué absorta su atención, a cuántas personas puede tolerar en un grupo de gente, qué sonidos le son agradables y cuáles son tan fuertes que se sienten como agujas en sus oídos, qué texturas disfruta y cuales le irritan la piel, qué luces llaman su atención y cuales lo espantan, que olores lo calman y que otros le desagradan, que sabores rechaza y cuáles le encantan el paladar. En base a ello, sabrás como crear un ambiente seguro y agradable considerando sus necesidades, de modo que disfrute de estar en donde está.

Ahora ya sabes que sí hay formas de facilitar el contacto con tu hijo con paciencia, respeto y sobre todo amor. Simplemente debemos entender que su forma de experimentar la vida es distinta a la convencional, sin embargo, ello no significa que están “en otro mundo” solo que lo ven de un modo distinto y eso es algo preciosamente genuino.

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