Ser feliz con lo que soy en 5 pasos

La felicidad no puede entenderse como algo único, es una historia que merece ser escrita por cada uno de nosotros para así ser feliz.

Parece que todos somos buscadores insaciables de qué es ser feliz. La buscamos por todas partes, en personas, lugares y experiencias sin un límite aparente. No puede entenderse bajo una definición única sino más bien como un bienestar subjetivo que varía según los ojos que la miren. Surge de la satisfacción de sentir que nuestra vida vale la pena y que estamos satisfechos con lo que estamos haciendo con ella. No es un lugar concreto y permanente pues está dispersa por todos lados.

Es saltar de la cama pensando que vas tarde para trabajar y darte cuenta que es domingo.

Es ese momento que te preparas un café por la mañana justo antes de que empiece la locura del día.

Es reírte con amigos que se convirtieron en hermanos.

Es cuando un desconocido te desea suerte en la vida.  

Es encontrar un hogar en una persona.

Es ese momento en donde todo se siente en perspectiva y el aire se siente ligero.

Y sobre todo, felicidad es cuando te miras al espejo y te gusta lo que ves.

1. Mira a tu felicidad como una forma de vivir

De algún modo la felicidad se ha convertido en una meta ideal a la que todos tenemos que llegar, esta idea nos hace vivir insaciables, insatisfechos, “a la espera de”, buscándola por todos lados sin sentirla realmente cuando sucede. Pero vivir esperando es frustrante pues parece que el momento nunca llega. Lo cierto es que la felicidad es cambiante e inestable, es un proceso que se vive momento a momento y esa es su verdadera magia pues es algo que nos acompaña todo el tiempo, un modo de vivir en donde somos nosotros los encargados de construir una vida que nos genere satisfacción sin esperar a que llegue inesperadamente.

2. Deja de buscar felicidad afuera tuyo

Reconoce qué es lo que quieres, la felicidad no está allá afuera, está aquí adentro. No hace falta que mires al de al lado, solo que te permitas escucharte. No caigamos en lo normatividad, existen 7450 millones de definiciones de felicidad para las aproximadamente 7450 millones de personas que existen en el mundo. Entonces suelta lo que te han dicho que tienes que hacer para vivir una vida plena y pregúntate qué es lo que te hace sentir pleno a ti, busca tu sentido de vida, qué te emociona, qué te impulsa y qué te llena, solo tú puedes saberlo y solo así puedes hacer tu vida tuya.

3. Si no te gusta dónde estás, reinvéntate

La felicidad es un efecto de querer lo que somos. Si no te gusta donde estás parado, busca rutas distintas y muévete, si algo no te gusta de ti, busca cómo mejorarlo, somos seres cambiantes. Parece que vivimos enfocados en cumplir con un reloj social que no hace más que presionarnos y alejarnos de lo que somos. No tienes que hacer tu vida en torno al sistema, la felicidad es vivir bajo tu propio sistema, si quieres tener éxito escucha a tus propias aspiraciones y si no te gustan las que tienes, date el permiso de equivocarte y cambiarlas cuantas veces sea necesario, se amable con el mundo pero sobre todo se amable contigo, solo siendo auténtico contigo mismo te sentirás más a gusto bajo tu propia piel y con lo que te rodea.

4. Saborea tu presente

Vivir en la expectativa de “lo que pasará” no nos deja disfrutar las cosas al máximo. En este mundo tan apresurado en el que todos corren acuérdate de vivir, de estar presente. Observa los detalles, siente las cosas que vez, mira las cosas que sientes, de ese modo podrás saborear tus experiencias bajo otra perspectiva, notar las cosas simples de la vida genera un efecto muy gratificante cuando aprendemos a valorarlas.

5. La vida es muy corta como para vivirla solo para ti

Es imprescindible ser más humanos, parece que vivimos en un mundo cada vez más calculado y frío. El hecho de aportar en la vida de alguien con nuestra existencia nos hace sentir más a gusto con nosotros mismos. Perdónate y perdona, vive y deja vivir. La felicidad no disminuye si la compartes, presta atención a los gestos de amor que recibes y asegúrate de darlos, tienen una fuerza que traspasa los más fuertes paredes de acero, hasta las del corazón.

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