‘Phantom Thread’: Paul Thomas Anderson vuelve a las salas de Lima

El director de There Will Be Blood, The Master e Inherent Vice vuelve a aparecer en la cartelera limeña. De un modo único y fiel a su estilo inclasificable, demuestra que es todo un maestro a sus 47 años de edad. Repasemos aquí algunas ideas en torno a su nueva película nominada al Oscar en 6 categorías.

Por: Tirso Vásquez

Un mismo estilo, dos facetas del arte

Puntada invisible. El título remite a una técnica de la alta costura, cuyo dominio indica un grado no solo de maestría, sino también de vocación apasionada, de compromiso mayor y que supone una dedicación que solo el hermetismo permite desarrollar. Al menos, así parece funcionar con Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), un diseñador londinense de moda de los años cincuenta que encuentra en su oficio algo que va más allá del reconocimiento, la dosis necesaria para aproximarse a una noción de sentido.

El prestigio no es el fin para él, es el medio que le rodea por naturaleza, puesto que su verdadero interés se orienta hacia el pasado, el cual entiende como la estancia donde aprendió de su madre el arte del diseño. Ese refugio delicado y solipsista que vale como recinto de confort al ego.

La faceta del diseño (esa destreza silenciosa) va de la mano con la dirección de Paul Thomas Anderson: su genialidad discurre sin necesidad de llamar la atención en sus procesos; el resultado es majestuoso, pero su construcción no hace ruido, es sabia, no se notan los hilos. El cine, la otra faceta del arte aquí en cuestión, también es invisible.

Romance anómalo

Woodock Trabaja junto a su hermana Cyril (la notable Lesley Manville). Ambos manejan una firma de diseño de primer nivel y cargan con la responsabilidad de engreír el gusto burgués. Sus confecciones no necesitan estar a la altura de los clientes, la ecuación juega al revés. Para la casa Woodcock la maestría está fuera de debates; sin embargo, ¿por qué Reynolds permite la irrupción de un agente que no encaja con esos cánones? Alma (Vicky Krieps), la amante que no pertenece a todo ese mundo, irrumpe contra la estética que determina la vida de Reynolds. Ambos se conocen en un restaurante en Gales, donde Alma es camarera. Reynolds “la saca” de ese mundo corriente para vivir con ella. De esa interacción surge lo más sublime de la cinta. El personaje que interpreta Day-Lewis adora a Alma.

La complicidad autodestructiva de Alma y Woodcock. Fuente: Times of israel web.

Clásico y moderno

La esencia de Phantom Thread descansa en un medio híbrido: por un lado, en el cine clásico y, por el otro incorpora mecanismos absolutamente modernos.

Se presenta como una especie de cuento, gracias a las intervenciones de Alma que aparecen en la película en código testimonial. La cámara, en ocasiones, opta por los recorridos continuos, como en la escena donde se exhiben los vestidos para una subasta de clase alta, integrando la continuidad temporal al film, se siente el transcurrir de los minutos y la coreografía que embellece la acción. Además, están las increíbles fantasías en planos generales que Anderson construye con tono onírico.

La cámara revisita espacios que ya vimos antes y los resignifica con nuevas acciones. Fuente: “Phantom Thread”.

Sin embargo, también hay escenas que se intensifican gracias al tratamiento clásico, como la confrontación en la cena entre Alma y Reynolds, donde priman los planos-contraplanos y donde los encuadres se centran en los rostros de cada uno.

Así, se reduce el conflicto a la pareja, pero al mismo tiempo cobra importancia el espacio en off, lo que está fuera de la casa Woodcock. La sensación de hastío está potenciada por ese tipo de composición que cerca a los personajes y los reduce a rostros confrontándose.

Despojado casi por completo de los manierismos que se ponían en vitrina en Boogie Nights y, en menor medida y con mayor acierto, en Magnolia, Paul Thomas Anderson continúa el legado que fundó con There Will Be Blood junto a Daniel Day-Lewis. Un cine donde lo político juega en las coordenadas de la intimidad. El conflicto entre iglesia y capitalismo representado en la rivalidad Sunday-Plainville es similar al conflicto entre Woodcock y Alma: Canon estético vs. Ruptura de la hegemonía.

Posición en el Óscar

Sus chances para obtener algún reconocimiento no son tan claras, la academia no ha premiado nunca a Paul Thomas Anderson a pesar de estar nominado a mejor película, mejor dirección, mejor interpretación masculina, mejor actriz de reparto, mejor banda sonora y mejor diseño de vestuario. Sus tres méritos esenciales: actuación principal, dirección y mejor película. Esperemos que logre cosechar algo este grandioso film que es, junto con The Florida Project de Sean Baker, lo mejor que he visto en esta temporada de premios.

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