Anabel Augusto: el amor a la cocina nació conmigo

Chef, docente, emprendedora, madre de dos hijos y norteña. Anabel nació en un contexto en donde la cocina aún no era una profesión y hoy, muchos después, puede decir que no se arrepiente de su decisión. Conoce su historia aquí.

Anabel es mi tía pero, antes que todo, es una excelente profesional. Desde que tengo memoria, en las reuniones familiares no ha faltado la buena comida. Eso, en gran parte, se lo debemos a Anabel. La carta ha sido variada: desde empanadas de ají de gallina, pasando por un ceviche norteño, una sabrosa paella marina o unos ravioles de queso ricotta para cerrar con una torta de chocolate, en nuestra mesa nunca ha faltado sazón.

En estos 24 años de experiencia profesional, Anabel ha llegado muy lejos. Fue la primera chef profesional peruana incorporada a la Academia Culinaria de Francia, una de las primeras instructoras de cocina y una pieza clave allí donde pone un pie. Ahora, después de tiempo, ha decidido arriesgarse en una nueva propuesta que combina aquello que más le gusta: enseñar y cocinar.

¿Cómo dirías que nace tu amor por la cocina?

Nació conmigo. Mis juegos de infancia estuvieron ligados a la cocina. Cuando tenía 8 años, me regalaron una batidora que aún conservo. Siempre veía a mi mamá en la cocina preparando postres y eso me encantó. Ya en el colegio, tenía más dinero que todos mis hermanos porque preparaba las tartas, postres y pies para mis tías y para eventos.

¿Y por qué decidiste, entonces, estudiar comunicaciones?

Más que eso, yo fui impuesta. Quería estudiar cocina pero mi familia pensaba que eso era tener pocas aspiraciones en la vida. Ya sabes, esos chantajes que a veces usamos las mamás. Muy aparte, en 1979 no existía ninguna escuela de cocina de Perú y no había forma de irme afuera. Así que estudié Comunicaciones en la Universidad de Piura, que en ese tiempo era una de las tres carreras que existía.

Luego de terminar tu carrera, ¿cómo te acercaste al mundo de la cocina?

Bueno, nunca llegué a ejercer mi carrera. Me fui a México y a Argentina a seguir algunos diplomados en cocina y me dediqué a hacer catering entre amigos. Un día Rocío, una amiga que trabajaba en el Instituto de los Andes, vino a mi restaurante, probó mis postres y se llevó un par al trabajo.

A su jefe le encantaron y luego de ver que tenía preparación, me invitó a enseñar pastelería en 1993.  Si bien el Instituto contaba con la carrera de “Hotelería y Turismo” donde dictaban un par de clases de cocina, decidimos armar una Escuela de Alta Cocina.

¿Cuál fue el desafío en los Andes?

Teníamos un problema: yo nunca había hecho un syllabus y no teníamos profesores. Tampoco había otro referente, salvo el INAT de Trujillo que luego se convirtió en Le Cordon Bleu. Esto me llevó a estudiar algo de educación porque una cosa es enseñar de vez en cuando y otra muy distinta, meterte a un proyecto educativo. Allí descubrí lo mucho que me gustaba armar cursos y enseñar. Era un tema porque al inicio solo éramos dos profesores y ya luego, pudimos incluir a ex alumnos. Pese a todo, logramos que la Escuela creciera y allí estuve por diez años.

Clase de comida mexicana en Gourmet Lab. Aprendiendo que a la salsa verde no se le echa mayonesa, basta un chorrito de agua junto a la palta, para que salga igual de rica y cremosa.
Y luego migraste a D’Gallia, ¿cómo fue tu experiencia allí?

Yo fui convocada por Guido Gallia, quien fue mi alumno en el Instituto. Él sabía cocinar pero quería conocer el negocio, ya que administraba un colegio y dictaba clases de cocina por las tardes. Cuando llegué a D’Gallia, tan solo era una casita antigua en Lince sin un local bonito o buenos equipos. No había syllabus ni separatas pero encontré un equipo comprometido de gente, con metas y con la seguridad de que íbamos a crecer y así fue.

Ahí me quedé 15 años, hasta hace muy poco. Empecé enseñando y viendo a la par, la parte académica. He sido Coordinadora, Secretaría y Directora Académica. Sin embargo, me absorbió la dirección, así que poco a poco fui dejando la docencia porque quería dedicarme a evaluar cómo estaban saliendo los chicos al mercado.

¿Por qué decidiste emprender?

Hace tiempo tenía un proyecto personal: quería que las personas aprendan a cocinar lo básico sin pasar por una carrera. A mí me encanta la cocina y me encanta enseñar, dar todos los trucos y el conocimiento para que tus platos salgan lo mejor posible. Eso es lo que buscamos transmitir con Gourmet Lab.

¿Cuál es la propuesta de Gourmet Lab?

Gourmet Lab es un concepto de comida práctica. La comida es indispensable y no hay nada mejor que comer rico. El problema es que cuando uno quiere aprender no encuentra muchas opciones en el mercado. Algunos tienen un familiar cercano y otros optan por un taller demostrativo, pero son pocos los lugares donde prima la práctica.

En nuestra propuesta tú haces el 90% de la clase. Claro, te damos todo picado por un factor de tiempo pero si nos preguntas cómo lo hacemos, te enseñamos. Los módulos se dividen de acuerdo al tipo de cocina y aquí hemos sido variados: desde clases de comida mexicana, pasando por platos navideños, piqueos de terraza o clases de paellas, un poquito de todo. Para eso trabajamos con una plana de chefs que tiene expertise en cada rubro y te ayudan a hacer platos que siempre has visto y que no te animas a preparar.

¿Cuál sería tu consejo para quienes empiezan en el mundo de la cocina?

La cocina se aprende a través de la práctica, allí descubres los secretos que nadie te dice. Es simple: no se puede aprender a nadar sin saltar a una piscina ni aprender a cocinar sin prender una hornilla. Claro, puedes seguir un tutorial por internet pero, si quieres mejorar, es necesario ir a la práctica inmediatamente.

El dato
  • El equipo de Vía Expresa, se animó a ir a un taller de comida mexicana de Gourmet Lab. Preparamos enchiladas de pollo, mole de chile quemado y chili de carne sin fallar en el intento. Si nosotros pudimos, tú también. Mira nuestra nota en el siguiente enlace.

 

 

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