Blade Runner 2049: El regreso de un clásico de la ciencia ficción

Treinta y cinco años pasaron para esta secuela. Blade Runner (1982) de Ridley Scott fue un fracaso en la taquilla pero su legado es incuestionable. Influenció en el género de la ciencia ficción al introducir la estética cyberpunk donde el alto desarrollo tecnológico choca con el poco desarrollo social.

Esta nueva entrega llega con Ridley Scott como productor, mientras que la silla de director es ocupada por Denis Villeneuve, Arrival (2016) y Sicario (2015), quien se reúne por tercera vez en su carrera con el aclamado director de fotografía Roger Deakins para traernos su obra más ambiciosa hasta la fecha.

Del Noir al Thriller

En el futuro los seres humanos han creado androides conocidos como “replicantes” para que sirvan como trabajadores en sus colonias espaciales; sin embargo, algunos de ellos se rebelan a su programación original. Aquí es donde aparece la figura del Blade Runner, un detective encargado de rastrear a los replicantes rebeldes y “retirarlos”.

La primera entrega del 82 fue una mezcla de cine negro con ciencia ficción, 2049 es un policial de desaparición con ciencia ficción. K, un blade runner replicante de nueva generación interpretado por Ryan Gosling, tiene la misión de ubicar a un bebé que desapareció años atrás y que bien podría cambiar la relación entre humanos y replicantes para siempre.

Al ser un policial de investigación la narrativa depende bastante de la dosificación y revelación de información, y en ese sentido no hay más que aciertos. Siempre sabemos lo suficiente como para no perdernos pero nunca demasiado como para dejar de sorprendernos. Saber lo mismo que K e irnos enterando de nuevas cosas junto a él crea complicidad con el espectador y una sensación de intimidad que baña a toda la cinta.

El punto más bajo de la película yace en la introducción de una temática revolucionaria que más parece estar ahí para abrir puertas a futuras secuelas que para darle solidez al relato. No solo se siente forzado y fuera de lugar, sino que convierte una película personal en un innecesaria distopía fetichista propia de las adaptaciones de novelas juveniles de moda.

Marriete, una replicante que se define como real en oposición a la I.A. Joi que acompaña a K. Fuente: IMDB

La esencia de la humanidad

Tanto la primera entrega como esta nueva poseen el tema de la esencia humana como núcleo de su narrativa. La discusión de qué es lo real y qué es o humano, y qué tan real es lo humano aparece de manera explícita en los diálogos y los conflictos de cada escena. Sin embargo, la principal fortaleza de esta película es discutir estos temas a partir de la creación de sus personajes y las relaciones que se establecen entre ellos.

Un personaje curioso en ese sentido es Joi, una inteligencia artificial diseñada para dar compañía y que se proyecta mediante hologramas. Al no poder manifestarse físicamente en el mundo no virtual es vista como si no fuera real hasta por los mismos replicantes. Por su parte, K la describe como “muy realista” y, aunque siente afecto por ella, se muestra abrumado por su realismo, como si fuera algo indebido.

El tema corporal cobra importancia. Marriete, una replicante, se siente más real que Joi porque puede tocar y sentir a otras personas. No importa que ambas sean máquinas, el tener una movilidad independiente de otro tipo de soporte más que el cuerpo mismo parece crear una jerarquía incluso dentro de las mismas inteligencias artificiales, pero ambas pueden sentir desesperación y dicha ¿es necesariamente una más real que la otra? Marriette debe preservar su cuerpo para existir, mientras que Joi no, ella envidia esta mortalidad y no es hasta que consigue algo parecido que empieza a autodefinirse como algo “de verdad”.

También aparece el asunto del alma la cual parece estar ligada exclusivamente al cuerpo humano. Algunos replicantes, como K, son conscientes (o al menos creen) que no tienen alma. Ese regalo está reservado para aquellos que nacen, los que son paridos al mundo y no diseñados como ellos. Por ese motivo el primer giro de la trama relacionado a un bebé desaparecido es tan importante, da la posibilidad a la máquina de tener un alma y con ello consolidar su humanidad, o mejor aún, ser más humana que la misma humanidad.

Wallace el diseñador de los nuevos modelos de replicantes sintiendo su creación de cerca. Fuente: IMDB

La crueldad de la creación

Hay dos creaciones importantes en la película: los seres conscientes capaces de desarrollar emociones (humanos y replicantes) y las memorias (fabricadas y verdaderas). Ambas se mueven en una dualidad aparentemente excluyente, por un lado lo real, lo orgánico, y por el otro lo diseñado, lo sintético. Lo primero es producto de un proceso arbitrario , mientras que lo segundo es calculado hasta con cierta malicia. Los replicantes son creados para servir como esclavos gracias a su fuerza física, su carencia de un alma hace que su esclavitud sea socialmente aceptable y que sean discriminados.

A pesar de ello, estamos en presencia de un mundo donde tanto seres humanos como máquinas guardan similitudes cercanas. Por ejemplo, Deckard quizá no fue diseñado para ser un blade runner como K, pero solo sabe desempeñar esa tarea, no sirve para nada más, al igual que cualquier otra máquina no puede escapar de la programación a la que (él mismo) se encuentra sometido. El diseño de personajes con estas contradicciones que toman características de ambas dualidades propicia un discurso sutil que hace contrapeso ante la explicités de los diálogos.

Si en la primera entrega la humanidad de los replicantes se encontraba en las memorias implantadas que poseían, que aunque falsas producían conexiones emocionales con el mundo en el que viven y la gente que conocen; en 2049 son detonantes de crisis existenciales. La memorias falsas de K le dan alivio e identidad, mientras que las reales que le han sido implantadas le producen angustia y dolor. Lo real también puede ser cruel en este tipo de creación.

La entrega ochentera sostenía que no importaba si una memoria era falsa o verdadera, lo que importaba era las consecuencias emocionales en el ser al tenerlas y las relaciones que se desprenden de ellas, 2049 comparte esta conclusión, sólo que lo dice con otras premisas.

En su última escena ya ni siquiera importa si existe experiencia compartida entre dos personas, siempre que se sienta un vínculo emotivo lo auténticamente real estará presente.  Es así como K terminará por ayudar a  que dos personas que nunca se han conocido, pero que se sienten cercanas, se encuentren, con eso no sólo está reforzando dicha idea, sino también está dándose la posibilidad de escoger su destino y rebelarse a su programación original, y con eso encontrando su humanidad.

El trabajo fotográfico de Deakins le da una identidad propia a las diferentes locaciones mediante el uso del color y temperatura. Fuente: IMDB

Espectáculo sensorial

Blade Runner 2049 se ve increíble, lo cual no es sorpresa ya que tiene como director de fotografía al genial Roger Deakins que posiblemente logre su décimo cuarta nominación al Óscar, y porqué no, su primera victoria. La película recoge la icónica estética de la película ochentera que escribió en el ADN de la Ciencia Ficción como debería representarse un futuro distópico. El uso del color y la temperatura le da una identidad propia a las distintas locaciones, ninguna comparte la misma paleta de colores lo que permite que luego cuando volvemos a ellas  las podemos identificar fácilmente.

El uso del claroscuro es también bastante rico en términos narrativos. Permite que personajes como K, Wallace y otros sean presentados como siluetas en las sombras, que pueden ser reales o no. Esta estética mantiene relación con la dialéctica que establece la película: en la oscuridad no podemos distinguirlos y es porque al final dicha naturaleza no importa mucho.

Al deslumbrante trabajo fotográfico lo acompaña un diseño de sonido igual de sobresaliente que puede pasar desapercibido por momentos debido al ataque visual. Si la imagen nos traslada a un futuro fantástico el sonido nos regresa a la realidad, desde el imaginario sonido de naves hasta el de las uñas de un perro golpeando el mármol. La imagen nos hace flotar, pero el sonido nos mantiene con un pie en tierra ayudando a mantener el balance entre fantasía y realidad que una historia de ciencia ficción tan personal como esta necesita.

Un espectáculo visual. Fuente: IMDB

Blade Runner 2049 al igual que su predecesora posee un ritmo que puede ser considerado lento por momentos, al cual si le añadimos una duración 146 minutos quizá la haga poco digerible para cierto público. Pero en vez de ver esas escenas dilatadas con tedio uno debería entenderlas como invitaciones a la reflexión sobre lo que se ha estado experimentando. La historia se repite y 2049 está sufriendo en la taquilla, no es perfecta ni una obra maestra, pero la original fuera de su innovación tampoco lo fue, sino no hubiera necesitado de tantos cortes para entrar en su estado de culto.

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