Con L de Leucemia: “El cáncer no piensa en la edad y creo que parte de eso te hace dar cuenta de lo frágil que es la vida”

Conversamos con Indyra Oropeza, creadora de "Con L de Leucemia"

Tiene 24 años, es madre desde hace cinco y diagnosticada de leucemia desde hace cuatro. Su vida no ha sido precisamente fácil, pero ha aprendido a llevar las cosas con una sonrisa en el rostro. Así es como entre broma y broma, nos enteramos más sobre su vida y sobreCon L de Leucemia”, fanpage donde cuenta su experiencia.

P: ¿Qué te inspiró a crear con L de Leucemia?

A mí me diagnosticaron leucemia cuando tenía veinte años. Es difícil porque cuando eres joven no sueles conocer a pacientes de tu edad con cáncer. Cree la página para ayudar a que otras personas no se sientan solas, porque es un proceso complicado. La verdad, la tenía creada hace dos años pero me daba miedo publicar. Recién, en mi última hospitalización, decidí que debía hacerlo. Jamás esperé esa recepción y gracias a la página he conocido a mucha gente que pasa por lo mismo que yo.

P: ¿Cómo te diagnosticaron Leucemia?

Suelo hacerme chequeos médicos. En el 2013, estuve a punto de no ir a uno pero mi mamá insistió. Cuando entré a ver mis resultados, mi hemograma estaba patas arriba. Con mis papás llegamos a dos opciones: o tenía una infección de la patada o tenía leucemia por los síntomas, pero era más fácil pensar lo primero. Fui al internista y anduvimos bromeando hasta que leyó mi papel y se quedó pálido. Entonces mis papás entraron, me dejaron afuera y al salir, pasaron de largo. Fue la primera vez que vi a mi papá llorando, allí me lanzó la bomba: el doctor piensa que tienes leucemia.

P: ¿Quiénes te han acompañado en este proceso?

Diría que ante todo, mi familia. Yo era de las que siempre salían con sus amigos o paraban en su cuarto pero cuando me enfermé me di cuenta que los únicos que estarían a mi lado eran mis padres y bueno, también mis amigas que hasta ahora van a verme a la clínica y me acompañan cuando me pongo mal. Gracias a ellas, llegué al Dr. Murillo o – como yo lo llamo –  el hombre más genial del mundo mundial.

P: En retrospectiva, ¿cuánto dirías que has cambiado?

Muchísimo. Primero, me he vuelto más agradecida. Cuando estás sano, no te das cuenta de muchas cosas. Para mí, levantarme sin que algo me duela ya es todo un logro. También he aprendido a disfrutar lo más esencial y a no dejar ir las cosas. Cuando recibí el diagnóstico, decidí hacer todo aquello que tenía pendiente así que me fui sola a hacer parapente, rapel, puenting, trekking y eso me permitió conocer gente increíble.

Caminando al parque.
P: ¿Esta experiencia te ha ayudado a madurar?

Bastante. Cuando se está hospitalizado, pasas mucho tiempo con las mismas personas. Ver cómo lucha la gente por seguir viviendo es algo que despierta. En un momento me deprimí horrible, no quería pararme de la cama y nada me sacaba de esa depresión. Sin embargo, conocí a un chico de mi edad que también tenía leucemia y cuyas ganas de vivir me impresionaron. Entonces comprendí que no importaba cuánto llorase o cuánto hiciese berrinche, el cáncer no se iba a ir. Creo que son ese tipo de cosas las que te hacen cambiar el modo en que estás viviendo tu vida.

P: ¿Qué sorpresas te has llevado en este tiempo?

Lo principal ha sido conocer a personas maravillosas: enfermeras, enfermos, médicos y familias enteras, cada uno con una historia detrás. Se han convertido en mi familia, si necesitan plaquetas o medicinas nos damos la mano. La parte triste es que algunos te van dejando en el camino. Cada uno se despide a su tiempo, despacio o de golpe. Algunos son más jóvenes, otros son adultos. El cáncer no piensa en la edad y creo que parte de eso te hace dar cuenta de lo frágil que es la vida.

P: Si pudieras definirte en una o dos palabras, ¿Cuáles serían y por qué?

Creo que la palabra que escogería sería resiliencia, es lo que ha guiado mí día a día en los últimos tres años. La resiliencia te enseña a coger las cosas malas que te pasan y transformarlas en algo bueno. Es así, con las caídas se aprende más bonito. Las cosas feas también son un punto de conexión, como me ocurre con la fanpage.

P: Tu página es muy inspiradora. ¿Cuáles dirías que son los principales desafíos que has debido enfrentar?

Un tema es que soy joven y la enfermedad me limita demasiado. He tenido que dejar mis estudios de derecho y no podré regresar hasta el próximo año porque debo fortalecer mi sistema inmunológico ya que a diferencia del resto, para mí un resfrío puede significar estar internada un mes y medio.

Otro tema es lidiar con mis inseguridades porque soy vanidosa. Pasar por tratamientos que han cambiado mi cara y mi cuerpo no ha sido fácil. Lo peor son las miradas. Yo decidí raparme antes de que el pelo se me caiga y cuando salía a la calle, tenías que ver a la gente rompiéndose el cuello solo para mirarme.

Entonces comprendí que no importaba cuánto llorase o cuánto hiciese berrinche, el cáncer no se iba a ir. Creo que son ese tipo de cosas las que te hacen cambiar el modo en que estás viviendo tu vida.

P: ¿Cuáles son las tres cosas que más amas en la vida?

La primera sería mi hija, ella es la razón por la que sigo acá. Cuando me hicieron el trasplante, pasé por 38 quimioterapias en 7 días. El último día me desmayé tres veces, dos en brazos de mi madre, y solo le decía que me iba a morir hasta que pensé en Tatiana. Me imaginé su graduación, su quinceañero, su boda. ¿Quién le va a espantar los novios si no soy yo? Me da ánimos para luchar. Lo segundo sería mi familia y lo tercero, yo misma. He aprendido a valorarme y a respetarme así que después de todo lo que me ha pasado, puedo decir que lo que venga no se compara.

P: Para finalizar, ¿Cómo podemos ayudar a las personas que pasan por esta enfermedad?

Algo vital es donar sangre y plaquetas. A mucha gente le da miedo pero es bien difícil conseguir donantes, más si vienes de provincia porque todo está centralizado y creo que eso es muestra de la poca atención que le damos al problema.  Y bueno, también hay varios voluntariados que trabajan con pacientes a través del clown y el arte. Son pequeñas cosas que generan un cambio positivo.

Indyra y Tatiana, su pequeña hija. 

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